2. Un pájaro

En su rama un pájaro pía
conocedor del lenguaje del canto,
como es un buen polluelo
le llueven las lombrices.

Amanece en el campo verde,
un pájaro en su rama
se vuelve loco de alegría,
luego, resulta que sus plumas
son de un hermoso color amarillo
y resulta, que es una pájara.

18. El sol estaba ya

El sol estaba ya en el cielo
a segunda hora de la madrugada,
brillando y calentando
y reventando de calor
para callarnos la boca reseca,
se presentaba desafiante
para molernos con sus rayos
por todo el día, todo el santo día,
el viento sofocante,
desde el balcón, los pájaros
pajarillos y pajarracos
volaban alto dibujando círculos
de color amarillo,
piando amenazadoramente.

17. Las horas que pasan

Qué tristes las horas que pasan
a nuestro lado sin rozarnos,
qué elegantes, frías, de escarcha,
témpanos colgando de un filo.

Y del tiempo que las habita extrañas
y embebidas en su soledad única.

No, no somos nosotros
los destinados a la muerte,
son ellas, gélidas y desgranadas,
llorosas, corrompidas y ruidosas.

Miro el mar y la lejanía,
enreda el viento mi pelo en la cara
y ancha la luna me sonríe,
aunque no te lo creas.

Nuevo destino

En eso me encontré cara a cara con mi destino, el implacable. Ahora vendrás por aquí, me vino a decir y qué podía hacer yo sino recuperarme de las viejas andanzas de los anteriores destinos. Así que le dije, vale, iré y mira por donde el implacable resultó estar de acuerdo conmigo en este punto esencial.
Por eso vamos a andar, para que nuestro corazón se recupere de los tediosos fastidios y después nos bebemos un gran vaso de agua, ¡tenemos tanta sed! y ahora sí, con el cuerpo hidratado, captamos lo más fundamental.

Engaño

¿Sabes? He abierto la ventana para poder cerrarla dentro de un rato porque hace frío y para que los flecos de la cortina se balanceen.
¿Entiendes? Es lo mismo que el engaño. Hubiéramos podido ser menos crueles si por lo menos hubiéramos sabido cómo. Somos tan jóvenes todavía, somos tan indefinidos, tanto, que me uno al ejército de los inconclusos.
No voy a olvidar el trato porque hay cosas que no se olvidan y el trato era ser arbitrarios.
¿Acaso existe eso? Pues me temo que entre lo que existe y lo que no existe, estamos nosotros.

15. Me gusta el enanito

Me gusta el enanito
en la ventana asomado, silbando,
sonriendo entre las flores
con su risa de cascabeles.

Acostumbra a mirar mi habitación
sin cortinas de paso,
al atardecer, cuando el sol
se pone rojo grana
como su gorrito de fieltro.

Me riñe con su suave voz
de bosque siempre verde
y me doy por vencida.

Y me guiña un ojo con botas
para que le abra la ventana
y le digo: animales, osos,
juguetes, descanso, reloj,
tiovivo, rueda, armillas,
escándalo y jolgorio.

Esta noche

A medida que nos íbamos acercando escuchaba mejor sus pisadas enérgicas, derecha, izquierda, derecha, izquierda…Cuando llegó al bordillo de la acera se sentó y se quitó los zapatos. Me quedé quieta, casi sin respirar, ahora eran mis propios zapatos los que me pedían auxilio. Después se levantó y se fue quitando toda la ropa que llevaba encima. Un escalofrío recorrió mi cuerpo entero, sudaba de inquietud. Abrió los brazos y me llamó por mi nombre. Luego me dijo:
– Esta noche tengo un lugar en el mundo. Un lugar en el mundo porque estoy aquí y alguien me escucha. Soy éste. Ésto es todo lo que tengo, un cuerpo, un cuerpo con vida.
Quería avanzar hacia él para tocarle, solo que nos separaba una calle desierta, una calle estrecha, pero desierta. Con sus manos dibujó un corazón en el aire. No estábamos solos, quizás podríamos decir que algo somnolientos.