Nuevo destino

En eso me encontré cara a cara con mi destino, el implacable. Ahora vendrás por aquí, me vino a decir y qué podía hacer yo sino recuperarme de las viejas andanzas de los anteriores destinos. Así que le dije, vale, iré y mira por donde el implacable resultó estar de acuerdo conmigo en este punto esencial.
Por eso vamos a andar, para que nuestro corazón se recupere de los tediosos fastidios y después nos bebemos un gran vaso de agua, ¡tenemos tanta sed! y ahora sí, con el cuerpo hidratado, captamos lo más fundamental.

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Engaño

¿Sabes? He abierto la ventana para poder cerrarla dentro de un rato porque hace frío y para que los flecos de la cortina se balanceen.
¿Entiendes? Es lo mismo que el engaño. Hubiéramos podido ser menos crueles si por lo menos hubiéramos sabido cómo. Somos tan jóvenes todavía, somos tan indefinidos, tanto, que me uno al ejército de los inconclusos.
No voy a olvidar el trato porque hay cosas que no se olvidan y el trato era ser arbitrarios.
¿Acaso existe eso? Pues me temo que entro lo que existe y lo que no existe, estamos nosotros.

15. Me gusta el enanito

Me gusta el enanito
en la ventana asomado, silbando,
sonriendo entre las flores
con su risa de cascabeles.

Acostumbra a mirar mi habitación
sin cortinas de paso,
al atardecer, cuando el sol
se pone rojo grana
como su gorrito de fieltro.

Me riñe con su suave voz
de bosque siempre verde
y me doy por vencida.

Y me guiña un ojo con botas
para que le abra la ventana
y le digo: animales, osos,
juguetes, descanso, reloj,
tiovivo, rueda, armillas,
escándalo y jolgorio.

Esta noche

A medida que nos íbamos acercando escuchaba mejor sus pisadas enérgicas, derecha, izquierda, derecha, izquierda…Cuando llegó al bordillo de la acera se sentó y se quitó los zapatos. Me quedé quieta, casi sin respirar, ahora eran mis propios zapatos los que me pedían auxilio. Después se levantó y se fue quitando toda la ropa que llevaba encima. Un escalofrío recorrió mi cuerpo entero, sudaba de inquietud. Abrió los brazos y me llamó por mi nombre. Luego me dijo:
– Esta noche tengo un lugar en el mundo. Un lugar en el mundo porque estoy aquí y alguien me escucha. Soy éste. Ésto es todo lo que tengo, un cuerpo, un cuerpo con vida.
Quería avanzar hacia él para tocarle, solo que nos separaba una calle desierta, una calle estrecha, pero desierta. Con sus manos dibujó un corazón en el aire. No estábamos solos, quizás podríamos decir que algo somnolientos.

13. Mi brazo hacia ti

Iba alargando mi brazo hacia ti
a mi lado sentado
conduciendo la furgoneta
y la distancia que nos separaba
era siempre la misma.

Totalmente extendido ya,
aún inclinando los omóplatos,
no te alcanzaba en el asiento.

Tú mirabas la carretera fijamente
y simplemente, no existíamos.

Volví el brazo hacia la ventanilla,
saqué la mano fuera
y el viento la hizo regresar
unida a la muñeca y al pasado.

El frío que la enfriaba
era una gran burbuja de vapor
comparado con la frialdad
que nuestros labios apretaba.

Así nos presentamos al silencio.

1. La vida en el valle

En el valle, sobre el nivel del mar,
donde conchas marinas fósiles
y esqueletos de saurios encallados,
testigos de la misma tierra,
de la fuerza con que la misma tierra
siempre considera su suerte
en el reino del purgatorio.

En el valle frondoso
de celulosas húmedas,
impregnadas de la belleza lúcida
que arde en cada rincón
de inmortal existencia.

Pero nada más hermoso
que despertar una mañana
y descubrir que estamos vivos.