Madrugada

Al amanecer probablemente estoy durmiendo, suenan los primeros movimientos y sueño más deprisa, ciertamente bajo la pereza que el sol no oculta, aunque estaba más cerca que nunca de alcanzar lo imposible.

Madrugada
Foto de Iñaki Bolumburu (Akelarre)
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7. Vaso de vidrio

Si se rompe un vaso de vidrio
encima de tu mesa, elemental,
te escondes dentro del armario,
te pones el abrigo y el sombrero
para protegerte directamente
del ruido que te persigue detrás
y una vez has sudado bien
sales y te colocas las botas de agua
para no clavarte en los pies
los pedacitos de cristal traslúcido
que están de momento en el suelo
invitándote a caminar despacio
hasta enormes dunas doradas
surgidas del corazón del invierno.

Vaso de vidrio
Foto de Daniel Lombraña González (Vidrio)

23. Lluvia

Empapados bajo la lluvia,
en la ciudad, sobre la acera,
el barrio viejo subiendo y bajando.
El viento no podrá
con los troncos azules de los árboles,
me esponjaré y me derretiré,
no podrá con los tiestos
que colorean las ventanas
y pasaba de lado por la acera
un asustado perro vagabundo
y no se sabe por qué desventura.

Lluvia
Foto de AmazonCARES (Scared dog refused to come in from out of the rain)

Eramos dos

Pero aún sin querernos eramos dos almas solitarias donde no llegaba la ternura de los gestos ni de las palabras. Eramos dos animales encerrados en una jaula de desconsuelo que abierta como estaba nunca nos permitió la salida. Eramos dos rabias, una callada, una ruidosa. Eramos dos torpezas, una rechazada, una anhelada. Eramos dos muros, uno de papel, otro de piedra. Eramos dos corazones, uno bombeando, otro latiendo. Eramos una farola y la llama de una vela. Eramos tantos en dos y la multitud se abría paso para llegar más allá de lo que eramos capaces de caminar, exhaustos y satisfechos. Eramos dos ingenuos deportistas de un juego del que desconocíamos las reglas. Y conste que lo digo porque nos queremos.

Eramos dos
Foto de Ricardo Abengoza Hernández (Álbum Naturaleza y urbanas)

19. Sin miedo

Sin miedo, pero cautelosamente
gira la rueda, el camino con ella,
éste es mi tiempo, la luna princesa,
se considera al ser humano,
el sol irrepetible,
éstos los pasos, la cálida tierra
y tan pocas manos abiertas,
el silencio piadoso.

Algunos olvidamos el billete
en el cajón de la mesilla
entre papeles escritos a mano,
otros deambulamos sin ser vistos
donde no había ni soldados
ni expertos en vigilancia nocturna,
sólo que al cruzar la barrera,
todos nos reuniremos al calor de las llamas
o al temblor de las olas
o al susurrar del viento,
todos hambrientos y esqueléticos
de algún que otro alimento.

18. Solidaridad

A l’Escola Annexa Joan Puigbert

Es de dominio público,
en el patio, los niños blancos
dibujan con sus cuerpos
una paloma de la paz,
ellos se mueven, hablan y se ríen,
el ave permanece quieta y muda,
han escrito mensajes
a los habitantes del mundo,
deseos inspirados
en el sueño eterno del hombre,
aunque tal vez eterno sea el juego
de dejar escapar de entre sus manos
un centenar de globos
hacia la luz del cielo gris,
el silbato, ya es la hora,
las palabras vuelan y aplauden.

Historias de lobos

Lo haremos extensivo a los otros simuladores, aunque no sería conveniente recordar ni una palabra de su despedida.
Decidme ahora las mismas mentiras y responderé con los mismos fregaderos.
Me temo que la luna está llena y el patio lleno de hombres lobo (oigo ruidos sospechosos desde la cama, gruñidos y pisadas de cuerpos animales voluminosos).
Me atrevo a asomarme por la ventana para ver si veo y me asomo.
En vez de oscuridad, los marmóreos rayos lunares hacen espectridad y la verdad es que hace tanto calor que ni el viento se escucha (después, ya cercana la madrugada, pude ver el viento secuestrado y escondido en el pecho del rey hombre lobo) y miro hacia delante y hacia arriba y hacia abajo: nada mortal se mueve excepto el vecino que se da la vuelta en una cama revuelta, tal vez soñando y sudando al mismo tiempo.
Sin embargo algo no es normal, un olor quisquilloso a corazón derretido, no sé, una presencia acuosa detrás de las orejas.
Ojeo la lejanía como sin querer ya que la cercanía se me escapa y allá tampoco la noche es oscura.
Como decirlo, es repentino, es inhumano, es ancestral, es involuntario, es una cuchara bien grande que agita el contenido de una olla bien grande y bien vacía.
Desde luego detrás de la vegetación habían dos ojos brillantes, rojos, redondos y dos colmillos brillantes, blancos, larguísimos y una risa equivalente a ¡vete, huye ahora que puedes!
Y no, al contrario, creí necesario bajar a competir con la bestia, sin armas, sin miedo, sin resistencia, sin intermedio.
El jardín no sospechaba aún que no somos nadie y antes de aterrizar en él me caí de frente contra el suelo del vestíbulo y en eso escuché nítidamente como se abría la puerta a su manera y en eso noté una garra de brillantes, negras, largas uñas, levantándome sin esfuerzo aparente y sin miedo.
Yo le dije a la cosa por si me entendía: es muy tarde para la ciudad, para ir andando sin rumbo recogiendo a la gente que tiene la mala pata de caerse, pero habla tú, si es posible.
Me llaman hombre lobo y no soy hombre ni lobo. Me alimento de rayos blancos de luna. Camino y observo. De día me escondo en donde no me ven ni veo. No tengo sombra ni calor ni frío. Solo ando solo siempre sin mirar atrás ni deprisa ni despacio. No pienso, no canto. Recorro los lugares donde nunca antes he estado. Y mi final no tiene final pues nunca lo ha tenido. Somos pocos. Toma una ráfaga de viento fresco, aquí guardo trazos de todos los vientos. Y nunca hablo con extraños. Ahora te empieza a crecer un poco de estremecimiento en el pecho, la llegada del nuevo despertar y algún día serás vagabundo de miserias y desconsuelos, pero falta un buen trozo de tiempo, te recogerá la brisa del mar, te llevará, ¿me entiendes?, entiéndeme porque me voy, ¡eh!, me voy.

Realidad, amanece, devuélveme los rayos de sol!

16. Palabras

Aluvión de palabras, muchas,
unas encima de las otras,
atreviéndose con sus lenguas
a rozar verdades divinas.
¿No molestan las moscas
el futuro del mundo, igual,
en curiosa manada?.
Alumbra en la lejanía un farol,
luz borrosa cargada de neblina
y apesadumbrada y quejosa.
Dulce es el viento que sopla de cara,
aluvión de promesas,
muchas, unas encima de las otras,
con su ingenuidad despertando
el duende que dedico
a la luz de las sombras.

3. Tímidamente

Y lo peor de todo
es no conocer al culpable.
Miramos a la derecha, a la izquierda,
hacia delante, atrás
y eso sí, nos desconocemos:
¿acaso queremos dormir
hasta quedarnos dormidos completamente?.
Es probable que no haya nadie,
que solo sean las diez de la noche,
que acabe de aparecer el otoño
detrás de esas gelatinosas nubes
haciendo invisibles las sombras.
Guardamos bajo sábanas las manos
si el fresco las enfría,
alrededor el calor desprendido
y la culpa, la verdadera culpa,
se evaporará derretida
en una pesadilla,
dejándonos en paz por un instante.

En mayúsculas

Para: Es esencial doble.
De: Cara, dos o tres, mismos, unos.
Teléfono: Uvas pasas, almendras tostadas.
Mensaje: Quiere verte, volverá a llamar, quiere que llames, ha venido.
Extensión: Tantas visitas y es fiesta, aquellas gambas langostineras, las calles pequeñas no salen en los mapas, solo si se buscan se encuentran, no suena, será fiesta, santo por santo, suena poco, diez minutos y se acabó, nueve, ocho…los últimos apartamentos de la costa, siete…recaptación, seis, cinco, cuatro, tres, dos, uno, cero.