18. El sol estaba ya

El sol estaba ya en el cielo
a segunda hora de la madrugada,
brillando y calentando
y reventando de calor
para callarnos la boca reseca,
se presentaba desafiante
para molernos con sus rayos
por todo el día, todo el santo día,
el viento sofocante,
desde el balcón, los pájaros
pajarillos y pajarracos
volaban alto dibujando círculos
de color amarillo,
piando amenazadoramente.

17. Las horas que pasan

Qué tristes las horas que pasan
a nuestro lado sin rozarnos,
qué elegantes, frías, de escarcha,
témpanos colgando de un filo.

Y del tiempo que las habita extrañas
y embebidas en su soledad única.

No, no somos nosotros
los destinados a la muerte,
son ellas, gélidas y desgranadas,
llorosas, corrompidas y ruidosas.

Miro el mar y la lejanía,
enreda el viento mi pelo en la cara
y ancha la luna me sonríe,
aunque no te lo creas.

15. Me gusta el enanito

Me gusta el enanito
en la ventana asomado, silbando,
sonriendo entre las flores
con su risa de cascabeles.

Acostumbra a mirar mi habitación
sin cortinas de paso,
al atardecer, cuando el sol
se pone rojo grana
como su gorrito de fieltro.

Me riñe con su suave voz
de bosque siempre verde
y me doy por vencida.

Y me guiña un ojo con botas
para que le abra la ventana
y le digo: animales, osos,
juguetes, descanso, reloj,
tiovivo, rueda, armillas,
escándalo y jolgorio.

13. Mi brazo hacia ti

Iba alargando mi brazo hacia ti
a mi lado sentado
conduciendo la furgoneta
y la distancia que nos separaba
era siempre la misma.

Totalmente extendido ya,
aún inclinando los omóplatos,
no te alcanzaba en el asiento.

Tú mirabas la carretera fijamente
y simplemente, no existíamos.

Volví el brazo hacia la ventanilla,
saqué la mano fuera
y el viento la hizo regresar
unida a la muñeca y al pasado.

El frío que la enfriaba
era una gran burbuja de vapor
comparado con la frialdad
que nuestros labios apretaba.

Así nos presentamos al silencio.

10. Andar

Anduve mi tortura
como tú andarás la tuya,
no en vano leemos en los mismos libros.
Andaría sin peso, sin zapatos,
sin mapa, sin retorno,
mas he andado como una mula terca
y cada treinta metros
me cuadraba ignorando los caminos.
Aún mas habrá andado
el que llevo delante
sonriendo desdentado
al pedazo de suerte
que le ofrece el destino.
Por no querer ya no quería
ni andar un solo paso,
sin embargo ando tantas veces
girándome de espaldas al pasado,
que no veía las piedras
y los arroyos refrescaron
bien entrado el otoño.
De hecho, en el preciso momento
en que me detuve a rumiar
la próxima jornada,
sentí dolor de la ignorancia propia
de mi errante andadura.

9. Despertar

Duele por las mañanas
levantarse temprano,
haga frío o calor,
vestir el cuerpo con el uniforme
y dejar en la cama amodorrada,
haga frío o calor,
esa cálida sombra
compañera desde hace tanto tiempo
de todos tus secretos despertares;
porque su aliento te traspasa vida
aunque no estés presente
en su frágil y lento amanecer.

Despertar
Foto de Andrea Cummins (Madrugada en el bajo)