12. Te diré

Te diré que el silencio
siempre se añora, igual que la ternura,
estamos desproveídos
y cuando las campanadas no escuche,
el aire me alimentará
con su fresco soplido.
Te diré que lo cotidiano es útil
y promiscuos los sueños,
es sincera la luna,
sin embargo la noche es un misterio.
Luce el alma a la luz del sol,
se embarga en experiencias
de calibre desconocido,
resuelve situaciones
con humillantes esperanzas
y te diré que la lucha es candente
(las mariposas bien lo saben)
y la vida un solemne pasatiempo.

Te diré
Autor Maribel Ruiz Marrondo (Ventana con cortina, Camporredondo, Lugo)

 

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El pulso de la noche
Autor del dibujo de portada Pedro Agudo Calleja (Gigante jugando con la Osa Mayor)

EL PULSO DE LA NOCHE, Editorial SEUBA, Barcelona 1998
Editor Carlos de Arce Robledo
Dibujos originales de Pedro Agudo Calleja. En portada “Gigante jugando con la Osa Mayor”
Prólogo de Manuel Pérez Hervella

Una poeta novel publica un libro.
Un libro de poemas de una poeta novel es un deseo que en forma de botella verde -con mensaje, tapón y náufrago- se lanza desde una isla de dudas, en un viaje incierto y necesario, al encuentro del leyente.
Un libro de poemas de una poeta novel necesita ser leído, si no es un silencio de escarcha, es una oportunidad perdida.

El Pulso de la Noche es un libro de una poeta novel, y una apreciable ocasión de saborear versos que nos hablan a los ojos.
El Pulso de la Noche sabe de las cosas miradas en un cierto momento y “escritas a humo de tabaco”.
Sabe de insomnios: “No amanece. No llueve”
Sabe de ausencias:
“Y tu voz retumba lejana
en el reflejo de los adoquines,
y tu voz, materia dormida.”
Sabe de ansias de Dios:
“…si en Él amamos la bondad
de su cabello lacio
y se trenza y revolotea,
¿quién será Él que pone
granos de arena dentro del zapato?”
Sabe de sobresaltos oníricos:
“Ni siquiera es de noche,
ni tan solo olvidé
los sueños tormentosos
que acuñaron mi cama,”
Sabe de reflexión callada:
“No tendrá el invierno compasión
para nadie que se alimente de odio.”
El Pulso de la Noche sabe de arrabales y de entrañas, es decir, de “escribir lágrimas en negro.”
El Pulso de la Noche se instala en la aparente sencillez del verso libre sin someterse, por tanto, a las ataduras de la medida y la rima, y encontrando la cohesión interna en otros recursos peculiares (combinaciones no estróficas, repeticiones fonéticas…) consiguiendo una meritoria variedad de matices y entonaciones.

El Pulso de la Noche se expande por territorios coloquiales -en los temas, en los usos de la palabra-, huyendo de los grandes aspavientos y de un cansino nihilismo -que a menudo ocultan más que muestran-, y nos aproxima a una cotidianidad que es también recogimiento, que es también la existencia y sus ensueños en busca de la propia identidad.

Bienvenido sea este nuevo libro de poemas en que se nos muestra el oficio -de la palabra que es también oficio de silencio- de Maribel Ruiz, en unos versos de buena crianza, de trayecto largo, que en una suerte de monólogo aúnan vida y literatura.

11. Y vertimos lágrimas

Y vertimos saladas grietas lágrimas
entre nosotros dos y nuestra sombra,
con ellas sueña la diosa alegría
y en su desierto caen dolorosas,
como no conocer su rumbo
si nos surcan la cara,
el cuello, los recuerdos,
cómo no conocer el rumbo
de nuestro propio llanto,
de nuestro propio duelo!.

Y vertimos lágrimas
Autor Maribel Ruiz Marrondo (Cascada en el oasis de Chebika, Túnez)

 

9. Un poco de agua

Un poco de agua para nuestros labios
hondamente cortados por el paso del frío,
un poco de agua para este deseo
inútil a la voluntad del verso,
un poco de agua al cruzar el verano:
recompensa de atardeceres,
dedos hastiados, manos inocentes,
un poco de agua, solo
y comer caramelos.
Pero una voz se enfrenta, boca inquieta
y sus palabras por sonar tan bajo,
son heridas en la conciencia,
el estado del alma, justamente,
se recoge temprano.

 

Inmortalidad

Erase una vez un pez infinitamente pequeño, nació como los demás peces, en el agua, y aunque su existencia era desconocida por la casi totalidad de habitantes del fondo de la playa, una caracola advirtió unas burbujitas sonrosadas que se acercaban a ella con parsimonia: ¿hay alguien ahí? preguntó indecisa, y el animalejo, de puro contento al ser descubierto por otro ser vivo, quiso decir tantas cosas al mismo tiempo que por poco se ahoga, con lo cual no contestó a la pregunta y continuó inadvertido ante su propia sorpresa y la de la caracola que, una vez más, creyó haber visto visiones.

15. Font del bisbe

Aún existe al atardecer
la fuente de cara de piedra,
los pájaros hacia los árboles
se recogen y pían,
cae el chorro de agua, se estrella
y atraviesa el riachuelo
bajo el puente arqueado,
el sol es parco allí,
sólo logra invadir
la esquina de los escalones.
La fuente de cara de piedra,
ente sombrío, mohoso,
a veces un escorpión negro
entre los helechos y el musgo,
agua, sombra, agua fría.

11. Dificultoso es el amor

Dificultoso es el amor,
se unen bajo sus piedras
destinos incompletos
y queman, soledad después de todo;
me aliviaban sus palabras,
tanto que siempre buscaba
un rato para escuchar,
silenciosos la vida nos devuelve
con una infinita carencia
de roces y ternura,
el camino más destemplado.
A casi nadie duele
una gota en un ojo
tan molesta como es,
las manos caritativas se sueñan.

El pozo

Era un pozo bendito. Tirabas adentro una moneda de plata y el agua se volvía de color naranja, recogías buches de agua con las manos y se reflejaban las nubes ardiendo. Los enamorados lanzaban pieles de plátano, la locura del amor, el susto del chasquido y sin mirar atrás se convertían sus ojos en gaviotas. El abuelo arrojaba piedras y las aguas relinchaban, recuerdos de la lejana niñez, hasta un botón de su chaleco estallaba en gotas de cristal. Las mujeres que se acercaban resplandecían en la garganta y como flautas dulces cantaban canciones de doncellas. Era un pozo bendito, alrededor rezumaba el viento, asomaban los rayos de sol entre sus entrañas de hielo y la hierba se alzaba por su aliento.