Tres hombres

El primero era un hombre triste, el segundo un hombre ingenioso y el tercero un gran hombre.
El primero no respetaba nada, miraba sumiso y se molestaba si le picaban los mosquitos, los quería matar delicadamente, para sí mismo.
Entonces bajó el ángel de la guarda del segundo y se encaró con el tercero.
Nosotros no quisimos intervenir dada la gravedad del asunto y esperamos a que algún ángel más bajara del mismo lugar de donde había bajado éste; pero antes de que apareciera ninguno, se desvaneció nuestro primer ángel y todo volvió a la tranquilidad del aire y del mar.
La visita de los tres hombres fue muy amena, les dimos agua, comida, mantas y preparamos un lecho de ramas verdes para ellos, para que descansaran con sus ángeles dentro. Luego se marcharon por donde habían venido.
Esa noche bajé a la playa y caminé derecha hacia la cala y recogí caracolas y piedras de luna: ¿la inmensidad? ¿el infinito?.
Algo más tarde le vi bajar y le di las buenas noches. Conversamos.
-Uno de ellos parece un gran hombre
-Sí. Son distintos. Uno de ellos es sereno, le gusta el mar como si lo llevara escondido detrás de algún pliegue.
-¿Aquello es un barco?.
-Sí. Uno de ellos es gracioso, continuamente le pican los mosquitos.
-Uno de ellos decía que el malhumor envejece, asusta a los niños y a los mayores y es prescindible para vivir.
Teníamos que sonreírnos de vernos juntos después de tanto tiempo teniendo la sonrisa de estar juntos atragantada a la altura del horizonte, entre la espalda y el pecho, vaciándonos a veces de otras cosas que no fuéramos nosotros mismos.
Por aquel entonces las guerras del momento seguían su curso normal de guerras y los habitantes de la tierra eran tan diferentes unos de otros, que era difícil recordarlos a todos y siempre había alguien a quien veíamos por primera vez.

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9. En el mar navegan

En el mar navegan las olas
pero las dudas a solas caminan,
una escapada nos devuelve
al lugar de partida,
cielo azul, sublevada lluvia,
de oraciones se cubren los tejados,
de súplicas caritativas
a Quién todo lo sabe.
Si sobrepasamos las huellas
y despegamos hacia la incerteza,
las caracolas en el mar,
si navegan las olas,
a solas descubrimos las respuestas.

8. Felices luces

Felices luces de colores
hermosean las calles tristes,
animales regalos altitudes
turrones para todos temporales,
no necesariamente en ese orden,
acompañan el sol de invierno,
claro que algunos tocando las nubes,
otros chapoteando el barro oscuro,
eso húmedo que empaña los cristales
cuando vemos caer la lluvia
al otro lado de la vida.

Sublime ocupación

Usted no hace nada, se aburre, no se lo monta bien y ni siquiera descansa, por eso imagine que se levanta con modorra de la cama y se tumba en el sofá que ha perdido un muelle y se acomoda en ese hueco tan acogedor; luego imagine que se levanta con pereza del sofá y se asoma al balcón soleado.
Bien, ahora sí, levántese de la cama con todo el día por delante, todo un día con sus inmensas horas, sus eternos minutos y sus desaprensivos segundos; puede hacer cualquier cosa…tumbarse en el sofá…¿hay algo más?; si el sofá le espera debe acudir a la cita, el muelle roto ha dejado paso a un interesante hueco anti-enderezamiento.
Usted se acopla y con usted su perro, que ve la situación de una manera natural.
Después tiene varias opciones, por ejemplo, cambiar de posición: ponga la cabeza en el otro brazo y los pies en este brazo, muy bien, todo va bien a pesar del esfuerzo que le advierte que se está mareando.
Al cabo de un rato a usted se le duerme el brazo que tenía debajo de la nuca para evitar que una tortícolis interrumpa el momento idílico del reposo absoluto; fuera brazo, usted necesita una buena almohada rellena de trozos de espuma tutti frutti muy rellena; eso le servirá pero llegar hasta ella puede ser insoportable, no importa, anímese, vaya, todo sea por la causa.
Ya de vuelta el sofá se mantiene leal, arrugado e incluso sensual; ahí vamos, instálese, a la tercera va la vencida; el tiempo va pasando cuando a usted le empieza a molestar la cadera izquierda…

12. De tanto en tanto

De tanto en tanto en el alféizar
se asomaba una mariposa,
no entraba, no, observaba la ventana
de paredes desnudas
y flores imposibles,
sus alas de colores
alumbraban el corazón
hambriento de la luz del dos de copas,
insensatez al vuelo,
aire en su alma de polvo mineral.
De sonrojadas motas,
era una mariposa feliz ella,
de una ventana blanca enamorada.
(A Pedro Agudo)

Vidas paralelas

Donde los duendes de la envidia acechan debajo de sillas y mesas atentos a las conversaciones trágicas sobre el auténtico destino.
Donde el auténtico destino es la farsa más escalofriante urdida por la vanidad humana y la insatisfacción viciosa.
Donde la insatisfacción viciosa es víctima y verdugo del deseo siempre atento a nuevas oportunidades, a recreos no específicos de la pasión.
Donde los recreos no específicos de la pasión nos convierten en mercaderes de sueños baratos que acabamos pagando caro al despreciar los consejos del espíritu.
Allí arden las velas a los santos e invoca el incienso la clarividencia.

7. Ya sabes

Ya sabes, esperando en la parada
con los pies anclados al suelo,
todos esperamos lo nuestro,
todos tenemos pies de barro
y bolsillos llenos de piedras
y regalos anónimos ocultos
bajo el forro de la chaqueta.
Nos sorprendían los aviones,
un escarabajo en la acera,
los trenes en su altura, el monasterio,
aquel vómito, aquel dolor,
una serpiente amarilla, el cielo…
Nuestros recuerdos son las escapadas
abiertas en cruz al futuro.

Ya sabes
Autor Maribel Ruiz Marrondo (Autobús de New York)

11. Designio

La noche radiante de estrellas,
la noche fría, hermosa y clara,
el fuego de la chimenea
adormecía las brasas crujientes,
los sollozos, las sombras del pasado
y las lágrimas transparentes,
brillaron en los ojos con luz propia
y crucé el umbral
de la otra cara de la vida
sin que me pesaran los pies,
lentamente el invierno
se apoderaba de mi corazón.

La noche brillaba de estrellas
y los grillos sin luna,
el aire misterioso
no cabía en la mano,
campos vacíos, silenciosos árboles,
unidos el cielo y la tierra
en un abrazo sin espacio,
espejos fríos cansados de objetos,
el asomarse al mundo mortal físicamente
entre el humo no existe.

Infierno

Así pues, bajé al infierno, allí donde te queman las pestañas con vapores de desprecio; mientras estuve allí, eramos muchos los que nos despedíamos del amor con odio o hacíamos añicos el espejo de la esperanza y nunca estuve tan prolongada ni mi sombra se notó menos. Pero no era un lugar agradable a pesar de todo y empujé hacia la salida con el presentimiento de que ser feliz es cuestión de abrir la puerta que te lleva hacia arriba.