Por la tangente

Como no encuentro ningún pez espada bajo las sábanas me convenzo de que no es el mar, además, las sirenas están afónicas y bajo sus escamas hay semen de coral adormecido, no es el océano. No se ven esponjas amarillas bajo la almohada, ni calamares gigantes sobre el armario, comprendo que no es el fondo marino y lo que parecen delfines embriagados son las cortinas blancas envalentonadas por el viento y las caracolas ensimismadas, paquetes de tabaco vacíos y arrugados.

No es mi habitación, no soy yo, no somos nadie, nadie nos dirige la voz desde el lejano cielo profundo y giramos en nuestra potente nave espacial gigante en busca de su voz o de alguna otra voz para compartir su ausencia.

Y tu voz, que estaba a mi mismo lado cerca, me ha abandonado, me ha dicho adiós, adiós, adiós, tantas veces como dura un instante.

Agolpados adioses en la sienes no caben, palpitan, no caben, me hunden en las tinieblas de la historia de mi susodicho pasado, un pasado que no tenía futuro ya antes de comenzar, un pasado puente, un puente de tablones de madera podridos.

Y vuelta a empezar, pero no desde el principio pues principio solo hubo uno y desde entonces espero la oportunidad de poder decirte que todos somos uno y que uno somos todos, por lo demás, creo que ya lo sabías.

Bienvenido al cruce de caminos donde coinciden nuestros presentes.

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Dos

La ratita

Era la historia de una ratita que presumía de tener un lazo rosa en la cola y que buscaba el compañero que tenía que existir, de lo contrario no habría cuento.

A continuación del hombre

Hablar por los codos y con los dientes, decirte que sí, que te quiero, arrodillarme delante tuyo y esconder la cabeza entre tus rodillas para oír como pisas el suelo con los pies desnudos. Huir de los pasajeros, mirarte desde abajo y desearte como un nómada del desierto desea el agua, con sed.

Hombre en amor

Me encontré un día hablando de ti a toda la gente que, inasible, encontraba a mi paso: algunos me miraron con desprecio, otros sonrieron, otros comprendieron.
Me encontré en medio de la calle gritando al cielo tu nombre y el cielo se mantuvo firme en su reserva, entonces eras tan infinito que ni el espacio que había entre nosotros era suficiente para amar, ¡qué arrogante el aire cuando levanta el aire!.
Tu risa paralizaba la ola y besaba la espuma, me encontré hablando, un día me encontré hablando y tú eras un sueño.

El amor es el amor 2
Foto de Pepe Cárdenas

En el mundo

De almas está el mundo lleno, de corazones que palpitan, de mentes solitarias que navegan a la deriva. Ese brillo en los ojos del macho no es duradero, despierta por encargo, sin remitente, a oscuras en un mar de contradicciones dentro del más puro sabor a algas y sin embargo, el capitán no fuma en pipa.

5. Ahora

Ahora que es cálido el viento,
ahora que empieza el bullicio
y la renovación se exalta,
me apoyo en tu hombro y me cobija.
Ahora que tienen sentido
todos los años de mi vida,
todo el amor de las palabras,
Dios, agradezco tu presencia
desde dondequiera que esté
y hacia dondequiera que vaya.

21. Siempre

Siempre cuando se necesita poco
tienes más de lo necesario.
En la ciudad la vida es rápida,
uno se puede preguntar
qué prisa tiene y no tener,
puede uno buscar mariposas,
escuchar el paso del viento,
oler pétalos blancos de magnolia,
recuperar el paisaje lejano,
seguir la danza de las nubes,
dar pan seco a los peces,
descansar tumbado en la hierba,
bajo la lluvia caminar,
y siempre, generalmente,
cuando se necesita poco,
tal vez tenga uno tiempo de saberlo.

21. Siempre
Foto de Antonio Vergara (Torre de la Mora, Tarragona)

Futuro

Tiras una moneda al aire, cae al suelo, cara o cruz, la recoges y ya no es una moneda, sino un símbolo de lo que te depara el futuro, una aventura. Querer es complicado, los sentimientos son imprevisibles o cuando menos indomables, por eso, cuando te preguntan siendo verano, por una playa desierta, pierdes la orientación y tu corazón te dice que sigas adelante con valentía, tal vez con humor: el camino está hecho para el que anda.

17. Qué pena

Qué pena, de bondad vacíos
para los otros y para nosotros,
pitidos de electricidad,
las flores se abren a la luz

y que lloremos sin tristeza
mustios dolores casi siempre,
humos ascendentes, qué pena,
a estancarse en el techo,

que no seamos nadie, nadie,
de noche resolviendo crucigramas,
qué pena, números apátridas
avergonzados de nuestra locura,
de día, un ramo de hojas secas,

que la sonrisa se congele
tantas veces babosos, dientes negros,
pieles sucias, qué pena
y qué poco nos pesa la vergüenza.

Sesión de relax

Ahora acuéstate sobre tu espalda y dibuja con tu cuerpo una estrella de cinco puntas, del centro emite un sonido, dirígelo hacia la altura, respira profundamente hasta que el aire choque con tu ombligo y devuélvelo al aire ahuecando tu abdomen, expirando con toda el alma para reunirlo con el grito desahogado de arriba, olvídate de que estás rodeado.
Ahora recurre a tu instinto para acomodar los huesos dentro de los músculos, indispensable mullir y sacudir el envoltorio de carne para ablandarlo.
Por último, pon tus sentidos de manera que tus no-sentidos atraídos por el simple existir vegetal, sientan deseos de conocerte.