Nuevo destino

En eso me encontré cara a cara con mi destino, el implacable. Ahora vendrás por aquí, me vino a decir y qué podía hacer yo sino recuperarme de las viejas andanzas de los anteriores destinos. Así que le dije, vale, iré y mira por donde el implacable resultó estar de acuerdo conmigo en este punto esencial.
Por eso vamos a andar, para que nuestro corazón se recupere de los tediosos fastidios y después nos bebemos un gran vaso de agua, ¡tenemos tanta sed! y ahora sí, con el cuerpo hidratado, captamos lo más fundamental.

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Engaño

¿Sabes? He abierto la ventana para poder cerrarla dentro de un rato porque hace frío y para que los flecos de la cortina se balanceen.
¿Entiendes? Es lo mismo que el engaño. Hubiéramos podido ser menos crueles si por lo menos hubiéramos sabido cómo. Somos tan jóvenes todavía, somos tan indefinidos, tanto, que me uno al ejército de los inconclusos.
No voy a olvidar el trato porque hay cosas que no se olvidan y el trato era ser arbitrarios.
¿Acaso existe eso? Pues me temo que entro lo que existe y lo que no existe, estamos nosotros.

Esta noche

A medida que nos íbamos acercando escuchaba mejor sus pisadas enérgicas, derecha, izquierda, derecha, izquierda…Cuando llegó al bordillo de la acera se sentó y se quitó los zapatos. Me quedé quieta, casi sin respirar, ahora eran mis propios zapatos los que me pedían auxilio. Después se levantó y se fue quitando toda la ropa que llevaba encima. Un escalofrío recorrió mi cuerpo entero, sudaba de inquietud. Abrió los brazos y me llamó por mi nombre. Luego me dijo:
– Esta noche tengo un lugar en el mundo. Un lugar en el mundo porque estoy aquí y alguien me escucha. Soy éste. Ésto es todo lo que tengo, un cuerpo, un cuerpo con vida.
Quería avanzar hacia él para tocarle, solo que nos separaba una calle desierta, una calle estrecha, pero desierta. Con sus manos dibujó un corazón en el aire. No estábamos solos, quizás podríamos decir que algo somnolientos.

Luna menguante

La luna está menguando, enciendo la radio, apago el despertador. Los baches se cruzan con marcha corta. La luna alumbra menos, la estufa me mira desconcertada, ya no la enciendo como antes. Esa ópera desde el piso vecino es como una caja de cerillas vacía. En el contestador del teléfono hay tres mensajes antiguos. Las toallas están alineadas, me río holgadamente, sin apretar los labios. Dos estornudos avisan imprevistos y ya voy por el segundo bostezo.
Ahora, con el azahar florido, me sumerjo en un campo de limoneros. Mis párpados se cierran, mis ojos no quieren mirar nada, hoy ya está todo visto.

luna menguante
Foto de Roberto Poveda (Flor de azahar. Tarbena)

Ando y ando

Ando y ando, estoy sola, me canso, busco el conocimiento de “mí”, me aligera la idea de libertad, me asusto, no estoy huyendo, solo ando y ando, no estoy sola, veo a tanta gente, me rodean tantos caminos, me dan fuerza, no me asusto, solo espero en la meta la tranquilidad de espíritu.

ando y ando
Foto de Mariano Mantel (En el caos urbano)

Un misterio el amor

En el fondo queremos que nos quieran. Podría ser el deseo innato de inmortalidad: si me quieres, descuida, viviré eternamente y te esperaré en cada rincón del planeta. Una pena porque si el que quiere no es querido, perecerá en el intento de seguir queriendo y con ello, la supervivencia del que busca amor se verá seriamente comprometida a una vida monótona y en ocasiones carente de sentido.
Nada de ésto sería cierto si dos seres que deciden amarse lo hacen al unísono con lo cual, la distancia que empequeñece a ambos amantes desaparecerá y con ella la ilusión que les parecía acercar a un inminente desastre. Si se tiene en cuenta la ventaja que supone ni lo uno ni lo otro, pues que sea bienvenido el misterio del amor.

El amor un misterio
Foto de Nick Harris  (Leaf Fall)

Cielo

Recientemente he fijado mi vista en las nubes otoñales y me he encontrado casualmente con un espectáculo fascinante.
De color en color he pasado del perfil nítido de las montañas de delante hasta el perfil nítido del cielo oscurecido del lado oponente.
Y cual no sería mi sorpresa al comprobar que curiosamente también el verde ocupa un lugar predominante.

Cielo
Foto de Juan Carlos Mahadeva

Ocho de agosto

Erase una vez, en un país no muy lejano, unos años que la lluvia no quería caer, luego a las ranas le salieron alas y a los peces pies, luego los hombres tenían sed y sus cosechas se secaban sin remedio, luego el invierno sería duro.
Cuando un día, una nube se apiadó de las gentes y los animales y venciendo un esfuerzo sobrenatural empezó a manar agua como una fuente.
Eso ocurrió un día 8 de agosto y los campesinos se arrodillaron y besaron el agua de los charcos y la tierra.

La silla

Curiosamente me levanté de la silla plenamente convencida de que tenía una importante misión que necesitaba hacerse realidad y la realidad fue que después de levantarme me picó un mosquito que tenía en la pierna y delicadamente la silla se burló de mí y no me quedó otro remedio que darle una patada.

La sillaLa silla
Fotografía de Carlos (Large on black)

 

Fuego

El fuego quema los árboles y la maleza, resquebraja las piedras en trozos que caen rodando por la ladera, la ceniza es negra.
El fuego avanza con rapidez, el viento lo encabrita, ruge en torbellinos, arde con energía.
El humo se eleva a borbotones formando una densa nube oscura por donde difícilmente penetran los rayos del sol.
La luz anaranjada, acogedora y tenue es un intervalo en el largo verano.
La blanca paz se funde y desparrama olvidándose de los seres vivos en una imagen que recuerda la muerte, el desconcierto, la impotencia y la soledad ante la fuerza ilimitada de la naturaleza.

Fuego
Fotografía de Serge Saint (Sin título)