2. No creas

No creas que porque sufres ahora
a su lado eres más humano
que tu vecino merecido,
de lágrimas están
los rostros esculpidos,
de penas y alegrías,
de amores y odios incrustados
en hondas cicatrices.
Lloras, y tus compañeros de viaje,
el simple milagro de ser
y la eterna ansia de sobrevivir,
lloran sin excepción contigo.
Luna blanca, murmuras,
blancos pétalos de rosa, sin prisa:
una tregua amistosa
para nuestras almas furiosas.
Besos cálidos, cálidos abrazos
vienen a desearte buenas noches.

No creas
Autor Ana Siles Ibañez (La Mora, Tarragona)

 

Anuncios

14. El diablo rojo

El diablo rojo con cuernos de mármol
se asoma cada mañana al espejo,
un temblor frío despiadado
al borde de la hipotermia,
las vías del ferrocarril,
la grisedad injusta, el sol oculto,
con pena caen a tierra los pájaros,
el dominio desde el dominio.
Un susto duerme contra la almohada
palabras dichas sin querer,
ese instinto que se apodera
en horas bajas del estado débil,
la muerte nadie sabe a quien adora,
a quién deja sumido en la incerteza,
nosotros, obligados a vivir.
(A Manuel Pérez Hervella)

13. Es viscoso

Es viscoso, resbala entre las piernas,
baja por las rodillas, cosquillea,
alcanza el vello de las pantorrillas,
llega hasta los talones, se entretiene,
aísla los pies y los rodea lentamente,
se extiende sobre el suelo embaldosado
(estoy aquí clavada como un palo)
y cada vez ocupa más lugar,
roza los muebles de la habitación
y sigue su camino alrededor,
se topa con las paredes cuadradas,
avanza, la rendija de la puerta
le muestra la frontera del afuera
y hacia la calle dirige su charco,
todo lo prueba, nada le retiene,
nada, muerto de sueño, de cansancio,
él, ya lejano, sólo quiere hallar
la plenitud de amar y ser amado.

es viscoso original blog

Pues vaya

Se llama ruido y nos envuelve, vaya vaya, me ignoro, mi corazón latiendo. Estimados ellos, vamos a por cera por si se encalla. Tropiezo contra el suelo, disimulo, rebotan dos vasos en mil pedazos estrellados, es mucho vidrio. Hierve el agua. Está lloviendo. Sin serlo voy a desgranar un racimo de uvas antes de que las arañas empiecen a domesticar rincones, para eso nos atamos los cordones. Más cerca ya no se puede, dije yo, y quería decir nosotros.

Y quería decir nosotros y he dicho yo, la distancia misma que tarda el humo en abandonar una uña, un tiempo auténtico considerable. Aparte encontrándonos desdichados, abandonados, insubordinados, nada que haga sospechar la curiosidad por un jueves cualquiera. Ni nosotros ni yo, sino vosotros: se difumina al caer la tarde de espaldas contra la montaña. Nosotros permitiendo escaramuzas, yo condenando aullidos incorrectos, vosotros repitiendo los contenidos. Dunas, alegres seductoras. Luna, feliz encuentro. Quería todo complacida en mis terrores. Quería nada, por eso se desestimaba. Y ahora encuentro un poco de algo que, por si las moscas, recuerdo que amor y odio son formas de calor.

Recuerdo que amor y odio son formas de calor y la vela más alta se extinguió primero, nada sospechoso, su cera se derramó deprisa; la otra aún suspira en voz alta, poco le queda, han sido el aire y la bombilla. El amor llama y el odio llama. Sucede que ambos se limitan a sonreír en el escaso pronunciamiento de sus columnas de fuego: no llegó ni a un cuarto de hora.

No llegó ni a un cuarto de hora. El reloj se ha atrasado en su sitio. No llegó ni a un cuarto de hora queriendo.

No llegó ni a un cuarto de hora queriendo, una lluvia corta, un paseo corto, una tarde corta, eso pasó lo que no pasó. Está inscrito en el tablón de anuncios más o menos de esta manera: aquí yace el tiempo que donde ocurrió no fue aquí, pero me impregnó los cabellos.

Pero me impregnó los cabellos hasta un día más. Luego dirán que el agua es media vida. Toda una vida y se derrumba, se derrumba, abajo todo. Los fantasmas mejor dejarlos en el castillo. Ahora a construir, arriba todo.

Ahora a construir, arriba todo, mi reloj siempre juntos viendo pasar ¿la vida? ¿las horas? ¿el tiempo?, viendo pasar todo eso que se va yendo, los dos, quieras o no. A la luna le pedimos nuestros deseos y cuando está llena, no tenemos. Después de que ladró el perro gritó el hombre, estábamos cerca para oírles. La luna mengua, el árbol crece dando placer a la tierra, el río devuelve el agua. Estaremos juntos cuando la luz nos envuelva. Siempre tendré un trozo de piel para ofrecerte, pero mañana será una rosa.

Pero mañana será una rosa, la rosa blanca de la paz, la lluvia blanca que caía.

La lluvia blanca que caía serenaba mi corazón dolido. ¿Eres tú? ¿el fantasma de las mil obligaciones? ¿el que lleva el agua a las alcantarillas?. Bueno, seguirás su curso junto a las gotas y tantas gotas y tantos fantasmas juntos. Eso es, disuelto a mi lado: no tenías futuro en este campo abonado con estiércol inmaduro. Tu sábana blanca. Tu rostro sin rostro encerado se perdía bajo la sábana blanca. Solo una cosa ¿mientras nos perseguíamos no notaste que la cadena era una invasión de hormigas?. Vale vale, eres tú, me consta.

Vale vale, eres tú, me consta.

Vale vale, eres tú, me consta: la escalera de siete peldaños, la flor enmascarada, la tentación de volver la página. Ignoro lo que sabes o lo que no sabes, si subes o bajas la escalera, si miras o te mira la flor, si abres o cierras la página. Por eso estábamos siendo un escaparate donde las mercancías no tenían precio ninguno. Y nos tienta valer.

Y nos tienta valer cueste lo que cueste el presente ausente, olvidado, sedado y el punto de mira en las olas.

Y el punto de mira en las olas mi cuerpo es feliz, feliz cuando el mar me sumerge realmente pequeña, una pequeña historia. Un mundo entero de personas era más de lo que podía suponer.

Pues vaya
Autor Maribel Ruiz Marrondo (Camporredondo, Lugo)

1. Los años pasan

No se detiene el tiempo.
La vida se va construyendo
con un poco de barro,
un tanto de sabiduría,
unas cuantas arrugas.
La rueda de la vida gira
parsimoniosa sobre verdes valles,
recia sobre pendientes escarpadas;
al paso que aligera, desmorona,
arrulla al presuroso corazón
y anima el frío desaliento.
Enseguida su tozudez te engancha
con firmeza a sus radios luminosos,
con su secreto avanzas
asomado al arco iris,
si le pesas te pedirá alivio
con su voz quejumbrosa,
si le eres leve amará tu atención
hacia su eje encantado.
El camino se nos descubre
de deseo y de lágrimas,
de locuras y de nostalgias,
de astros inaccesibles
que nos observan en silencio.

Los años pasan
Autor Antonio Ruiz Marrondo

 

Elefante

Elefante se ha roto la pata, el pobre no puede moverse y necesita cuidados intensivos además de calmantes y cariño, su pedazo de pierna está hinchada, sus ojos lacrimosos; le hemos puesto sobre una manta en el césped del jardín, de noche le tapamos con pura lana virgen. En el fondo de su tristeza se ve que lo de no poder hacer nada por sí mismo le importa un pimiento, pero la selva, eso sí que le duele.

17. Propósito

Temí desde aquel día
que el suelo se resquebrajara,
la hermosa tierra del planeta vivo.
Rezo por los años difíciles
que son difíciles imprescindiblemente.
El poco sentido común
parece estar desierto
de comunidad habitable
o demasiado comunicativo
o algo falto de ingenuidad.
Puede que la desoladora
comprensión de la muerte
nos devuelva las ganas de vivir
y puede que mañana
se asuma el poder del espíritu.