El poeta mendigo

El silencio es mortal. Un bulto se escurre por la escalera (debe ser un muerto), tengo miedo aunque consigo llegar hasta la mirilla de la puerta e introducirme en el hueco del rellano: es un perro callejero y un hombre callejero también; se acompañan, supongo sin demasiada convicción.
Me animo a abrir y le pregunto al hombre si es dueño del perro.
Me contesta que le ayude económicamente, que es padre de tres hijos y está en paro.
Pero ¿y el perro?, insisto.
No, el perro no es suyo, el perro le persigue y como no sabe pedir quiere abandonarlo.
Es un desastre, así no hay quien dé una limosna, le digo un tanto enojada, cuando él se salta a la torera las normas de urbanidad y traspasa el umbral de mi casa.
¿Qué quiere usted, robarme?. He pensado mal, no era eso no, pero ¿porqué?, ¿dónde está la poesía?, ¿dónde?.
¡Yo soy poeta!, dice él exaltado, solo quiero que seas mi público.
¿Qué puedo hacer?
Ya están el poeta y el perro sentados en mi tresillo y creo que debo cerrar la puerta, ¿o no?, ¿y si se trata de un poeta mediocre?.
Suena el teléfono.
Mientras hablo por teléfono no dicen nada, descansan, son adorables, así que les pido que se queden a vivir conmigo.
Al perro parece que sí, que no le importaría, pero al hombre…¡ay el hombre!, no se decide, no sabe si eso sería lo mejor para él.

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puntos suspensivos…

LAS MARIPOSAS DE LA LUZ
y el murciélago, sin ser visto,
revoloteaban curiosos
alrededor de la farola,
pero descargó la tormenta
y se hizo pequeño el balcón.

SUS MIRADAS NOCTURNAS ENCONTRARON
una estrella encendida hasta la rabia,
desde la lejanía
hasta el amanecer,
despertaron tendidos a su lado, sobre sábanas limpias se quisieron,
a su manera se quisieron.
La mañana les devolvió acaso
borrada de sueños la luna.

SE OYE ANUNCIAR UN DUELO A MUERTE
entre los ávidos del desamor,
quien conozca su identidad
que detenga inmediatamente el tiempo,
pues no de debe ocurrir
que donde hubo deseo,
se disuelvan dos almas
en su propio veneno.

TRAS DE SÍ LAS PALOMAS BLANCAS
se arrullan al atardecer,
mas ellos deben regresar:
ella a su palacio de piedra,
él a su castillo de espuma.
¡Qué diminuto es un segundo!,
una mota de polvo,
un puñado de lágrimas,
almas gozosas de palomas blancas.

Y SERÁ EL SIGUIENTE PASO
devolver las caricias,
desentrañar los besos,
acunar las torpezas inocentes.
A la hora convenida
el gesto humilde borrará las huellas
de las manos sedientas
que imploraron venganza
y livianos rayos de sol
iluminarán el camino.

ALMAS LLOROSAS DE PALOMAS BLANCAS
se buscan al atardecer,
ella caminará como una sombra,
inaudita, aterrorizada,
sus pasos sudorosos
apenas rozarán la calle.
Dudosas al atardecer se buscan,
él caminará su pasillo
con las manos cruzadas en el pecho,
desarraigo, desasosiego,
un lugar del pasado
y lloviendo un poco de invierno.
No tiene fin el lazo
que une los corazones
amarrados sin ataduras
y se marcharon con lo puesto,
de más, unas migajas de hojas secas,
suficiente equipaje
para unos peregrinos.

LES BORDÓ LA ALEGRÍA
cuando llamaron a la puerta,
las palabras eran sinceras,
casi a punto de reventar
en gotitas de sangre,
los ojos desiertos buscaban
un oasis donde saciarse de agua
y detrás de la puerta
el agua les desparramaba.
Cuando llamaron a la puerta
se acercaron los labios
y envolvieron redondos
un abrazo profundo.

NO SEREMOS DE NADIE
seremos estatuas dormidas
aunque sea sábado y llueva
seremos juncos aterciopelados
salid a las ventanas
seremos huesos descarnados
desempolvad vuestras miserias
seremos viento y escarcha de marzo
en el rincón había un gato
seremos dulce parsimonia
en el lugar del encuentro una rosa
seremos unos o dos más entre tantos…

…LOS INMEDIATOS PUNTOS SUSPENSIVOS

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