Es noche en la ciudad, mira el calor, traspasa,
se hace agua sin esfuerzo
sobre los bellos cuerpos,
vuelvo a cada verano cada año un año más,
es bienvenida la facilidad
que nos ofrece y nos desnuda.
Era inhumano calcular el tiempo,
pero tiéndeme a cada instante
una de tus palabras de verdad verdadera,
suma distancias legañosas
más fáciles encuentros
igual a nuestra vida que transcurre
y nos lamentaremos
de las ruidosas noches
y de las ruidosas mañanas,
sin comprender que estamos prisioneros
en un destino incalculable.
Pasa una página de nuestra vida,
es el viento, todo lo mueve,
las horas de recogimiento,
también la desconfianza.
Adormecidos somos esos cráneos
sangre de nuestra sangre,
vacíos de verdad, ensimismados
y desheredados al máximo,
sin padre, sin madre, sin hijos,
en humana tertulia
con los espíritus flotantes.
Por crujidos de suciedad
somos a nuestra suerte abandonados
o lágrimas redondas
y nada nos importa,
el viento todo lo mueve a su paso,
el suspiro sucede,
mira que dulce la bondad exhala
y nada, no perdemos nada.
Para volar sobre los tiempos
con alas blancas avanza el guerrero,
no puede detener
ni la tormenta ni el calor,
ni el ruido ni la soledad
y si pisa el cemento
o si pisa las piedras,
aplastan sus pies la dureza.
Marcha disciplinado, erguido,
cargado de tormentos,
con su verdad incierta
en el sobrio rostro esculpida.
A pleno sol y a plena luna
le estremece el sonido circular
de la canción del ruiseñor.
LAS MARIPOSAS DE LA LUZ
y el murciélago, sin ser visto,
revoloteaban curiosos
alrededor de la farola,
pero descargó la tormenta
y se hizo pequeño el balcón.
SUS MIRADAS NOCTURNAS ENCONTRARON
una estrella encendida hasta la rabia,
desde la lejanía
hasta el amanecer,
despertaron tendidos a su lado, sobre sábanas limpias se quisieron,
a su manera se quisieron.
La mañana les devolvió acaso
borrada de sueños la luna.
SE OYE ANUNCIAR UN DUELO A MUERTE
entre los ávidos del desamor,
quien conozca su identidad
que detenga inmediatamente el tiempo,
pues no de debe ocurrir
que donde hubo deseo,
se disuelvan dos almas
en su propio veneno.
TRAS DE SÍ LAS PALOMAS BLANCAS
se arrullan al atardecer,
mas ellos deben regresar:
ella a su palacio de piedra,
él a su castillo de espuma.
¡Qué diminuto es un segundo!,
una mota de polvo,
un puñado de lágrimas,
almas gozosas de palomas blancas.
Y SERÁ EL SIGUIENTE PASO
devolver las caricias,
desentrañar los besos,
acunar las torpezas inocentes.
A la hora convenida
el gesto humilde borrará las huellas
de las manos sedientas
que imploraron venganza
y livianos rayos de sol
iluminarán el camino.
ALMAS LLOROSAS DE PALOMAS BLANCAS
se buscan al atardecer,
ella caminará como una sombra,
inaudita, aterrorizada,
sus pasos sudorosos
apenas rozarán la calle.
Dudosas al atardecer se buscan,
él caminará su pasillo
con las manos cruzadas en el pecho,
desarraigo, desasosiego,
un lugar del pasado
y lloviendo un poco de invierno.
No tiene fin el lazo
que une los corazones
amarrados sin ataduras
y se marcharon con lo puesto,
de más, unas migajas de hojas secas,
suficiente equipaje
para unos peregrinos.
LES BORDÓ LA ALEGRÍA
cuando llamaron a la puerta,
las palabras eran sinceras,
casi a punto de reventar
en gotitas de sangre,
los ojos desiertos buscaban
un oasis donde saciarse de agua
y detrás de la puerta
el agua les desparramaba.
Cuando llamaron a la puerta
se acercaron los labios
y envolvieron redondos
un abrazo profundo.
NO SEREMOS DE NADIE
seremos estatuas dormidas
aunque sea sábado y llueva
seremos juncos aterciopelados
salid a las ventanas
seremos huesos descarnados
desempolvad vuestras miserias
seremos viento y escarcha de marzo
en el rincón había un gato
seremos dulce parsimonia
en el lugar del encuentro una rosa
seremos unos o dos más entre tantos…
El recuerdo son tus recuerdos
cantando en una rama temblorosa,
un mirlo negro acurrucado
alrededor de la sombra invisible,
amor si cabe lejano y distante.
El recuerdo croa en el agua
como si su existencia
pudiera recostar relámpagos.
Un poco de ternura es demasiado
para los corazones
que sufren invalidez permanente.
Amable luna, candorosa nube,
incipiente vergüenza que respira
un aire sorprendentemente cargado de dureza.