Etiqueta: poema

  • 4. Y bostezo

    Y bostezo, sin ropa que tender,
    el cielo de repente se oscurece
    y son las cuatro de la tarde,
    bostezo sin envidia,
    ni sirve para nada
    ni a nadie beneficia.
    Y lagrimeo sin llorar, hoy no,
    de todas formas lloverá
    y la tierra se mojará
    y el polvo gris se escurrirá
    de sobre aceras, fachadas y nidos.
    Gira la rueda de la vida
    y atados a ella bostezamos.
    Se barajan las cartas
    sobadas y pringosas
    y de ellas esperamos el antídoto
    a nuestra amarga angustia,
    así, serios como un entierro
    pero sin muerto que velar.
    Tal como viene la luna se va,
    hoy invisible, mañana redonda.
    Corren mis piernas ligeras al paso,
    saltan un bache divertidas,
    remontan la empinada cuesta,
    nubes negras no las detienen,
    vuelan más que caminan,
    brillantes, fuertes y conmigo encima.

  • 3. Fuimos al mar

    Fuimos al mar y no vimos el mar:
    alrededor de la hoguera invisible
    danzaban esqueletos temerosos,
    nos quedamos inmóviles rezando
    en las sillas vacías apresados
    y el espacio llenaron las palabras,
    eran rojos los labios de los muertos,
    violáceas las cuencas de sus ojos
    y cuando se retiraba la espuma
    y cuando blanca la espuma avanzaba,
    se vestía de primavera el tiempo.
    Sea la vida miserable, absurda
    o caprichosa con nuestros destinos,
    sobre la mesa la taza caliente,
    es lo de menos: la vida se vive,
    a veces más allá de la frontera
    entre este mundo propio conocido
    y otros mundos también desconocidos.

    Fuimos al mar
    Foto de Antonio Martinez Montañés (Playa de Barcelona)
  • 1. Tapiz

    1. Tapiz

    Vamos a tejer un tapiz
    con puntos y con comas,
    en una esquina tu sonrisa cálida
    abriendo los caminos,
    mi sonrisa en la esquina opuesta
    abriendo los destinos,
    en el centro una flor de azahar
    que dicen ata a los enamorados,
    de las dos esquinas que quedan,
    una por la ocasión,
    otra para el perdón.
    Dulces aromas, colores brillantes,
    flores aterciopeladas, pelícanos,
    palmeras y sombrillas,
    hojas y gotas de agua
    sobre un fondo ondulante
    conformándonos juntos y en silencio.

  • 2. No creas

    No creas que porque sufres ahora
    a su lado eres más humano
    que tu vecino merecido,
    de lágrimas están
    los rostros esculpidos,
    de penas y alegrías,
    de amores y odios incrustados
    en hondas cicatrices.
    Lloras, y tus compañeros de viaje,
    el simple milagro de ser
    y la eterna ansia de sobrevivir,
    lloran sin excepción contigo.
    Luna blanca, murmuras,
    blancos pétalos de rosa, sin prisa:
    una tregua amistosa
    para nuestras almas furiosas.
    Besos cálidos, cálidos abrazos
    vienen a desearte buenas noches.

    No creas
    Autor Ana Siles Ibañez (La Mora, Tarragona)

     

  • 1. Los años pasan

    No se detiene el tiempo.
    La vida se va construyendo
    con un poco de barro,
    un tanto de sabiduría,
    unas cuantas arrugas.
    La rueda de la vida gira
    parsimoniosa sobre verdes valles,
    recia sobre pendientes escarpadas;
    al paso que aligera, desmorona,
    arrulla al presuroso corazón
    y anima el frío desaliento.
    Enseguida su tozudez te engancha
    con firmeza a sus radios luminosos,
    con su secreto avanzas
    asomado al arco iris,
    si le pesas te pedirá alivio
    con su voz quejumbrosa,
    si le eres leve amará tu atención
    hacia su eje encantado.
    El camino se nos descubre
    de deseo y de lágrimas,
    de locuras y de nostalgias,
    de astros inaccesibles
    que nos observan en silencio.

    Los años pasan
    Autor Antonio Ruiz Marrondo

     

  • El pulso de la noche
    Autor del dibujo de portada Pedro Agudo Calleja (Gigante jugando con la Osa Mayor)

    EL PULSO DE LA NOCHE, Editorial SEUBA, Barcelona 1998
    Editor Carlos de Arce Robledo
    Dibujos originales de Pedro Agudo Calleja. En portada «Gigante jugando con la Osa Mayor»
    Prólogo de Manuel Pérez Hervella

    Una poeta novel publica un libro.
    Un libro de poemas de una poeta novel es un deseo que en forma de botella verde -con mensaje, tapón y náufrago- se lanza desde una isla de dudas, en un viaje incierto y necesario, al encuentro del leyente.
    Un libro de poemas de una poeta novel necesita ser leído, si no es un silencio de escarcha, es una oportunidad perdida.

    El Pulso de la Noche es un libro de una poeta novel, y una apreciable ocasión de saborear versos que nos hablan a los ojos.
    El Pulso de la Noche sabe de las cosas miradas en un cierto momento y «escritas a humo de tabaco».
    Sabe de insomnios: «No amanece. No llueve»
    Sabe de ausencias:
    «Y tu voz retumba lejana
    en el reflejo de los adoquines,
    y tu voz, materia dormida.»
    Sabe de ansias de Dios:
    «…si en Él amamos la bondad
    de su cabello lacio
    y se trenza y revolotea,
    ¿quién será Él que pone
    granos de arena dentro del zapato?»
    Sabe de sobresaltos oníricos:
    «Ni siquiera es de noche,
    ni tan solo olvidé
    los sueños tormentosos
    que acuñaron mi cama,»
    Sabe de reflexión callada:
    «No tendrá el invierno compasión
    para nadie que se alimente de odio.»
    El Pulso de la Noche sabe de arrabales y de entrañas, es decir, de «escribir lágrimas en negro.»
    El Pulso de la Noche se instala en la aparente sencillez del verso libre sin someterse, por tanto, a las ataduras de la medida y la rima, y encontrando la cohesión interna en otros recursos peculiares (combinaciones no estróficas, repeticiones fonéticas…) consiguiendo una meritoria variedad de matices y entonaciones.

    El Pulso de la Noche se expande por territorios coloquiales -en los temas, en los usos de la palabra-, huyendo de los grandes aspavientos y de un cansino nihilismo -que a menudo ocultan más que muestran-, y nos aproxima a una cotidianidad que es también recogimiento, que es también la existencia y sus ensueños en busca de la propia identidad.

    Bienvenido sea este nuevo libro de poemas en que se nos muestra el oficio -de la palabra que es también oficio de silencio- de Maribel Ruiz, en unos versos de buena crianza, de trayecto largo, que en una suerte de monólogo aúnan vida y literatura.