26. Paz

Ven aquí, comeremos, beberemos,
esperaremos el conocimiento,
sobre nuestras espaldas caerán
las gotas de lluvia más tiernas
que nunca nos hayan mojado,
otras almas cercanas y nosotros
en silencio se reunirán
murmurando fuerte el vacío,
las olas blancas nos seducirán
y los gruesos besos de amor
en las lenguas se enredarán,
dominaremos nada,
nada nos detendrá,
mira que viento se origina
lujuria de los pensamientos
y después cuando hayas venido,
el mundo azul te será familiar
e incluso su silueta abrazarás
como parte de tus recuerdos.

Paz
Fotografía de Nick Fedele (Blueberry Leaf)
Anuncios

Fuego

El fuego quema los árboles y la maleza, resquebraja las piedras en trozos que caen rodando por la ladera, la ceniza es negra.
El fuego avanza con rapidez, el viento lo encabrita, ruge en torbellinos, arde con energía.
El humo se eleva a borbotones formando una densa nube oscura por donde difícilmente penetran los rayos del sol.
La luz anaranjada, acogedora y tenue es un intervalo en el largo verano.
La blanca paz se funde y desparrama olvidándose de los seres vivos en una imagen que recuerda la muerte, el desconcierto, la impotencia y la soledad ante la fuerza ilimitada de la naturaleza.

Fuego
Fotografía de Serge Saint (Sin título)

20. Juicio

Como dejé abierta la ventana
se coló una ráfaga curiosa,
una acaracolada ola de viento,
el reloj parpadeó risueño
al ciclamen morado,
aún se mueve la luz amarillenta,
en una sala ondean dos banderas,
en otra sala el hombre espera inquieto
que su suerte también se mueva,
bosteza mi garganta,
a ras de suelo volaban las hojas
con una piedra blanca entretenidas,
ahora están los ciruelos en flor
y una jarra de porcelana

Juicio
Foto de Alejandra Vaca (Ventana)

pierde el asa al caer.

Historias de lobos

Lo haremos extensivo a los otros simuladores, aunque no sería conveniente recordar ni una palabra de su despedida.
Decidme ahora las mismas mentiras y responderé con los mismos fregaderos.
Me temo que la luna está llena y el patio lleno de hombres lobo (oigo ruidos sospechosos desde la cama, gruñidos y pisadas de cuerpos animales voluminosos).
Me atrevo a asomarme por la ventana para ver si veo y me asomo.
En vez de oscuridad, los marmóreos rayos lunares hacen espectridad y la verdad es que hace tanto calor que ni el viento se escucha (después, ya cercana la madrugada, pude ver el viento secuestrado y escondido en el pecho del rey hombre lobo) y miro hacia delante y hacia arriba y hacia abajo: nada mortal se mueve excepto el vecino que se da la vuelta en una cama revuelta, tal vez soñando y sudando al mismo tiempo.
Sin embargo algo no es normal, un olor quisquilloso a corazón derretido, no sé, una presencia acuosa detrás de las orejas.
Ojeo la lejanía como sin querer ya que la cercanía se me escapa y allá tampoco la noche es oscura.
Como decirlo, es repentino, es inhumano, es ancestral, es involuntario, es una cuchara bien grande que agita el contenido de una olla bien grande y bien vacía.
Desde luego detrás de la vegetación habían dos ojos brillantes, rojos, redondos y dos colmillos brillantes, blancos, larguísimos y una risa equivalente a ¡vete, huye ahora que puedes!
Y no, al contrario, creí necesario bajar a competir con la bestia, sin armas, sin miedo, sin resistencia, sin intermedio.
El jardín no sospechaba aún que no somos nadie y antes de aterrizar en él me caí de frente contra el suelo del vestíbulo y en eso escuché nítidamente como se abría la puerta a su manera y en eso noté una garra de brillantes, negras, largas uñas, levantándome sin esfuerzo aparente y sin miedo.
Yo le dije a la cosa por si me entendía: es muy tarde para la ciudad, para ir andando sin rumbo recogiendo a la gente que tiene la mala pata de caerse, pero habla tú, si es posible.
Me llaman hombre lobo y no soy hombre ni lobo. Me alimento de rayos blancos de luna. Camino y observo. De día me escondo en donde no me ven ni veo. No tengo sombra ni calor ni frío. Solo ando solo siempre sin mirar atrás ni deprisa ni despacio. No pienso, no canto. Recorro los lugares donde nunca antes he estado. Y mi final no tiene final pues nunca lo ha tenido. Somos pocos. Toma una ráfaga de viento fresco, aquí guardo trazos de todos los vientos. Y nunca hablo con extraños. Ahora te empieza a crecer un poco de estremecimiento en el pecho, la llegada del nuevo despertar y algún día serás vagabundo de miserias y desconsuelos, pero falta un buen trozo de tiempo, te recogerá la brisa del mar, te llevará, ¿me entiendes?, entiéndeme porque me voy, ¡eh!, me voy.

Realidad, amanece, devuélveme los rayos de sol!

16. Palabras

Aluvión de palabras, muchas,
unas encima de las otras,
atreviéndose con sus lenguas
a rozar verdades divinas.
¿No molestan las moscas
el futuro del mundo, igual,
en curiosa manada?.
Alumbra en la lejanía un farol,
luz borrosa cargada de neblina
y apesadumbrada y quejosa.
Dulce es el viento que sopla de cara,
aluvión de promesas,
muchas, unas encima de las otras,
con su ingenuidad despertando
el duende que dedico
a la luz de las sombras.

21. Siempre

Siempre cuando se necesita poco
tienes más de lo necesario.
En la ciudad la vida es rápida,
uno se puede preguntar
qué prisa tiene y no tener,
puede uno buscar mariposas,
escuchar el paso del viento,
oler pétalos blancos de magnolia,
recuperar el paisaje lejano,
seguir la danza de las nubes,
dar pan seco a los peces,
descansar tumbado en la hierba,
bajo la lluvia caminar,
y siempre, generalmente,
cuando se necesita poco,
tal vez tenga uno tiempo de saberlo.

21. Siempre
Foto de Antonio Vergara (Torre de la Mora, Tarragona)