Nueve

Un paseo

Un día en que reinaba la paz, el hombre y la mujer anduvieron un camino de barro y piedras bajo el sol empedernido de agosto. La huida les situó en el lugar que les correspondía, apretando sus cuerpos de humanos contra el tronco agrietado del roble y tolerando lo que parecía un milagro, el amor.

División

En su cuerpo hay indicios que superan toda duda, desde los latidos de su corazón hasta la esquivez de su mirada, son remolinos de un agua que hierve dentro de una olla. Y sabe que se tiene que desvincular de ese deseo que le ha atrapado sin querer.

Hombre cigarra

No es verdad que te esté esperando, aparentemente, asomada veinticuatro horas al día a la ventana, iniciando diálogos con los seres vivos que me rodean para no caer en la desesperanza o el sueño…y ese empuje hacia la vertical que se produjo cuando nací, se reproduce en este instante donde la soledad no puede ser compartida ni igualada por ninguna cigarra suicida…y en la ventana deposito lágrimas verdes, que se convierten al contacto con la madera, en amarillas como la cera.

26. Tregua

La niebla empapa el intermedio,
la tierra tiene prisa en la quietud.

Mientras avanza se espesa la niebla,
la quietud desconoce el tiempo.

Las lunas y los soles
simulan un encuentro,
apenas un dócil resumen
de tantas vueltas olvidadas.

Siete

Una pregunta

¿Estás o no estás?.
Es encantador de tu parte no adelantar ningún detalle significativo, pero mi corazón, cada día más musculoso, se extiende hacia el misterio con la rapidez involuntaria del deseo.

Hombre furioso

Cientos de palabras ardientes que abracen los oídos,
perforando el tímpano hasta el cerebro,
recogiendo las brasas que quedan como estela del barco en el mar,
rezumando las llamas por los ojos que miran de una manera sobrecogedora a los ojos del hombre mudo,
que sin necesidad de extravagancias ama con los dientes.

Uno tras otro

Después de tantos días vividos hasta el día de hoy y de tantos encuentros y desesperanzas, ilusiones y odios,
ya nada puede ser igual que antes, cuando la conciencia andaba perdida en un mar de dudas.
Ahora es el mañana a partir del cual vas a poder encontrarte con tu otro yo, cara a cara, sin reprocharle por su propio ser.

23. Música

Notas del pentagrama, aún se alarga la noche
de frío amodorrada, las ruedas casi niegan
el camino habitado por pájaros hambrientos,
el aire se estira en silencio
hacia las copas de los árboles.
En un día gris convertida,
suena música por el hombre amado,
la piel sumisa olvida sus fronteras,
cadena de limpios abrazos,
un río dulce la vida sucede.

23. Música
Foto de Gisela Giardino  (Sing is Everywhere)

22. Consuelo

Reciente de sucesos inestables,
rumores, animales y futuro,
consciente de su tacto,
otras dudas reales
se acomodan en su lugar.
Constelaciones y temores,
pulgas acróbatas, saltos de altura,
misiones superadas,
voluntad de poder,
todos en fila esperando su turno.
Sinfonía elegante y despeinada
concertada a los ritmos de sutura,
el director de la escena abre su alma,
parches relativos la adornan.
El consuelo en el Dios
hábil y novedoso,
no se agota bajo ningún pretexto.

 

Un misterio el amor

En el fondo queremos que nos quieran. Podría ser el deseo innato de inmortalidad: si me quieres, descuida, viviré eternamente y te esperaré en cada rincón del planeta. Una pena porque si el que quiere no es querido, perecerá en el intento de seguir queriendo y con ello, la supervivencia del que busca amor se verá seriamente comprometida a una vida monótona y en ocasiones carente de sentido.
Nada de ésto sería cierto si dos seres que deciden amarse lo hacen al unísono con lo cual, la distancia que empequeñece a ambos amantes desaparecerá y con ella la ilusión que les parecía acercar a un inminente desastre. Si se tiene en cuenta la ventaja que supone ni lo uno ni lo otro, pues que sea bienvenido el misterio del amor.

El amor un misterio
Foto de Nick Harris  (Leaf Fall)

22. Monasterio

Trae la noche el velo negro,
velo negro de corazones
desprevenidos por el trueno,
ya cubre el rostro dolorido
de la estatua de sombra blanca:
es niebla su silueta frágil
sobre las piedras de azurita.

Se abre la vieja puerta,
óxidos y crujidos despiertan mi memoria.

No es que la noche fuera tormentosa,
ni que en el pórtico del monasterio
sentará su poder sobre las losas
el hombre vagabundo y su destino,
es que asomada a la ventana
con ojos empequeñecidos,
miraba hacia la luz ruidosa
de aquel letrero luminoso.

¡Cómo saber las horas
consumidas a la monotonía!
¡Cómo esconder los libros debajo de la cama
para que absorban la humedad!
¡Cómo repetir la oración
si no recordamos el pan!

Y ante tanta incerteza escalonada
¡cómo saber quien soy!

Monasterio
Monasterio de Sant Pere de Galligants, Girona (Fons fotogràfic Salvany, Biblioteca de Catalunya)