2. Un pájaro

En su rama un pájaro pía
conocedor del lenguaje del canto,
como es un buen polluelo
le llueven las lombrices.

Amanece en el campo verde,
un pájaro en su rama
se vuelve loco de alegría,
luego, resulta que sus plumas
son de un hermoso color amarillo
y resulta, que es una pájara.

18. El sol estaba ya

El sol estaba ya en el cielo
a segunda hora de la madrugada,
brillando y calentando
y reventando de calor
para callarnos la boca reseca,
se presentaba desafiante
para molernos con sus rayos
por todo el día, todo el santo día,
el viento sofocante,
desde el balcón, los pájaros
pajarillos y pajarracos
volaban alto dibujando círculos
de color amarillo,
piando amenazadoramente.

17. Las horas que pasan

Qué tristes las horas que pasan
a nuestro lado sin rozarnos,
qué elegantes, frías, de escarcha,
témpanos colgando de un filo.

Y del tiempo que las habita extrañas
y embebidas en su soledad única.

No, no somos nosotros
los destinados a la muerte,
son ellas, gélidas y desgranadas,
llorosas, corrompidas y ruidosas.

Miro el mar y la lejanía,
enreda el viento mi pelo en la cara
y ancha la luna me sonríe,
aunque no te lo creas.

15. Me gusta el enanito

Me gusta el enanito
en la ventana asomado, silbando,
sonriendo entre las flores
con su risa de cascabeles.

Acostumbra a mirar mi habitación
sin cortinas de paso,
al atardecer, cuando el sol
se pone rojo grana
como su gorrito de fieltro.

Me riñe con su suave voz
de bosque siempre verde
y me doy por vencida.

Y me guiña un ojo con botas
para que le abra la ventana
y le digo: animales, osos,
juguetes, descanso, reloj,
tiovivo, rueda, armillas,
escándalo y jolgorio.

1. La vida en el valle

En el valle, sobre el nivel del mar,
donde conchas marinas fósiles
y esqueletos de saurios encallados,
testigos de la misma tierra,
de la fuerza con que la misma tierra
siempre considera su suerte
en el reino del purgatorio.

En el valle frondoso
de celulosas húmedas,
impregnadas de la belleza lúcida
que arde en cada rincón
de inmortal existencia.

Pero nada más hermoso
que despertar una mañana
y descubrir que estamos vivos.

Nueve

Un paseo

Un día en que reinaba la paz, el hombre y la mujer anduvieron un camino de barro y piedras bajo el sol empedernido de agosto. La huida les situó en el lugar que les correspondía, apretando sus cuerpos de humanos contra el tronco agrietado del roble y tolerando lo que parecía un milagro, el amor.

División

En su cuerpo hay indicios que superan toda duda, desde los latidos de su corazón hasta la esquivez de su mirada, son remolinos de un agua que hierve dentro de una olla. Y sabe que se tiene que desvincular de ese deseo que le ha atrapado sin querer.

Hombre cigarra

No es verdad que te esté esperando, aparentemente, asomada veinticuatro horas al día a la ventana, iniciando diálogos con los seres vivos que me rodean para no caer en la desesperanza o el sueño…y ese empuje hacia la vertical que se produjo cuando nací, se reproduce en este instante donde la soledad no puede ser compartida ni igualada por ninguna cigarra suicida…y en la ventana deposito lágrimas verdes, que se convierten al contacto con la madera, en amarillas como la cera.