Ermita de piedra

La ermita era de piedra. En una ventana pequeña protegida por una reja el cristal dejaba pasar el aire. El vacío era sagrado excepto por la imagen de un hombre clavado en una cruz con los pies desnudos y vestido su cuerpo apenas con un lienzo de escayola blanca; su mirada de ojos entornados penetraba en la profundidad del suelo, donde dominaba el espacio cerrado por gruesas paredes de su reino. Rodeando el exterior, hermosos árboles verdes y hojas doradas caídas en la tierra, muertas, pero no crucificadas. Montaña abajo rodaban piedras grandes que se resistían a convertirse en arena.

Ermita de piedra
Fotografía de Albert Cortel (Ermita)

20. Humanidad

Pobres seres nos arrastramos
sobre el cemento y hasta el cuello,
rostros increíbles, pies de piedra,
pobres habitantes de un mundo
considerado propio,
empañado el aliento
de luces y durante siglos,
pobres y por no carecer,
ni miedo ante el reto supuesto
por el aire que respiramos.

Humanidad
Foto de Claudio Sepúlveda Geoffroy (Humanidad expuesta)

 

4. Oración

Oh Dios, no tengo fuerzas
para arrepentirme de nada,
me ofreciste una piedra
por la suerte que sólo es mía,
por unos cuantos millones de células
con los que compartir
tu incesante soplo divino,
me ofreciste tu mundo,
la pertenencia prometida,
invisibles espíritus
tomaron asiento a mi lado,
por eso cuando se estrellaba el agua
contra el suelo lloroso de la fuente,
caducaron los árboles
sus leves hojas secas.

Oración
Autor Maribel Ruiz Marrondo (Niebla matutina en Montserrat, Barcelona)