20. De hierro colado

De hierro colado es la sombra
y como un perro hambriento
persigue los mendrugos;
es una dama cubierta de invierno,
eufórica polilla blanca:
su frío pesado da vida
al pan seco de media noche.
Se lamenta, pero acompaña
y no detiene su paso lunático.

De hierro colado
Foto de PH truddy (Luz y sombra)

Seis

Desde el principio

Es difícil amar a un hombre olvidándose por completo de la propia naturaleza, que ansía ser amada de manera exclusiva.
Amar a un hombre perdiendo la razón, es recuperar un estado de conciencia antepasado, resuelto a ser comprendido definitivamente.
Y sin embargo, nos amamos los unos a los otros.

Hombre homo

Si en medio del camino, con la luz blanca de la luna iluminando el paisaje, pudiendo caminar porque ves en la oscuridad, sientes el deseo de abrir el corazón al cielo inmenso y florecen de tus labios unas palabras auténticas, incluso las estrellas te rodean con mayor intensidad, si esa noche sientes el deseo de descubrir tu alma al mundo, ¿porqué no hacerlo, aunque a la luna le brote una lágrima negra?.

Hombre ausente

Estaba en la cama, todavía el roce de las sábanas era sinuoso, todavía acariciaba la almohada compañera.
El reloj hacía tic-tac, los pájaros sí, ya cantaban y un árbol junto a la ventana se mecía, se mecía, se mecía…
¿Dónde estás ahora?.
Sufro por tu ausencia.

19. Sin miedo

Sin miedo, pero cautelosamente
gira la rueda, el camino con ella,
éste es mi tiempo, la luna princesa,
se considera al ser humano,
el sol irrepetible,
éstos los pasos, la cálida tierra
y tan pocas manos abiertas,
el silencio piadoso.

Algunos olvidamos el billete
en el cajón de la mesilla
entre papeles escritos a mano,
otros deambulamos sin ser vistos
donde no había ni soldados
ni expertos en vigilancia nocturna,
sólo que al cruzar la barrera,
todos nos reuniremos al calor de las llamas
o al temblor de las olas
o al susurrar del viento,
todos hambrientos y esqueléticos
de algún que otro alimento.

4. Y bostezo

Y bostezo, sin ropa que tender,
el cielo de repente se oscurece
y son las cuatro de la tarde,
bostezo sin envidia,
ni sirve para nada
ni a nadie beneficia.
Y lagrimeo sin llorar, hoy no,
de todas formas lloverá
y la tierra se mojará
y el polvo gris se escurrirá
de sobre aceras, fachadas y nidos.
Gira la rueda de la vida
y atados a ella bostezamos.
Se barajan las cartas
sobadas y pringosas
y de ellas esperamos el antídoto
a nuestra amarga angustia,
así, serios como un entierro
pero sin muerto que velar.
Tal como viene la luna se va,
hoy invisible, mañana redonda.
Corren mis piernas ligeras al paso,
saltan un bache divertidas,
remontan la empinada cuesta,
nubes negras no las detienen,
vuelan más que caminan,
brillantes, fuertes y conmigo encima.

2. No creas

No creas que porque sufres ahora
a su lado eres más humano
que tu vecino merecido,
de lágrimas están
los rostros esculpidos,
de penas y alegrías,
de amores y odios incrustados
en hondas cicatrices.
Lloras, y tus compañeros de viaje,
el simple milagro de ser
y la eterna ansia de sobrevivir,
lloran sin excepción contigo.
Luna blanca, murmuras,
blancos pétalos de rosa, sin prisa:
una tregua amistosa
para nuestras almas furiosas.
Besos cálidos, cálidos abrazos
vienen a desearte buenas noches.

No creas
Autor Ana Siles Ibañez (La Mora, Tarragona)

 

El tonto

Había una vez un tonto que cada noche hablaba con la luna, cada noche del año, cada año de su vida; las moscas no le molestaban e incluso, algunas noches afortunadas, la luna le sonreía o le contestaba. Claro que las noches oscuras las pasaba mirando las estrellas, pero estaban tan lejos que no se les veía el rostro y hablar con quien no tiene rostro es, seguro, cosa de tontos. Comenzaba el verano y el aire era cálido. Una mañana de esas, el tonto salió de su casa y vio un perro meando en un árbol. Le entró tanto sueño de repente, que desandando el camino y sonámbulo, se metió en la cama corriendo y se durmió profundamente.

El tonto
Autor Maribel Ruiz Marrondo (Petunias en el porche, Camporredondo, Lugo)

 

12. Te diré

Te diré que el silencio
siempre se añora, igual que la ternura,
estamos desproveídos
y cuando las campanadas no escuche,
el aire me alimentará
con su fresco soplido.
Te diré que lo cotidiano es útil
y promiscuos los sueños,
es sincera la luna,
sin embargo la noche es un misterio.
Luce el alma a la luz del sol,
se embarga en experiencias
de calibre desconocido,
resuelve situaciones
con humillantes esperanzas
y te diré que la lucha es candente
(las mariposas bien lo saben)
y la vida un solemne pasatiempo.

Te diré
Autor Maribel Ruiz Marrondo (Ventana con cortina, Camporredondo, Lugo)