1. La vida en el valle

En el valle, sobre el nivel del mar,
donde conchas marinas fósiles
y esqueletos de saurios encallados,
testigos de la misma tierra,
de la fuerza con que la misma tierra
siempre considera su suerte
en el reino del purgatorio.

En el valle frondoso
de celulosas húmedas,
impregnadas de la belleza lúcida
que arde en cada rincón
de inmortal existencia.

Pero nada más hermoso
que despertar una mañana
y descubrir que estamos vivos.

12. La partida

El faro en la colina alumbra
a ráfagas el mar.

La incerteza calcula
la próxima jugada del destino,
valiente entre desolados humanos
con los ojos abiertos
por necesidad pura.

Duermen los patos lejos de tu aliento
y la remota oscuridad,
lanzando llamaradas
de una negrura inconfesable.

Nueve

Un paseo

Un día en que reinaba la paz, el hombre y la mujer anduvieron un camino de barro y piedras bajo el sol empedernido de agosto. La huida les situó en el lugar que les correspondía, apretando sus cuerpos de humanos contra el tronco agrietado del roble y tolerando lo que parecía un milagro, el amor.

División

En su cuerpo hay indicios que superan toda duda, desde los latidos de su corazón hasta la esquivez de su mirada, son remolinos de un agua que hierve dentro de una olla. Y sabe que se tiene que desvincular de ese deseo que le ha atrapado sin querer.

Hombre cigarra

No es verdad que te esté esperando, aparentemente, asomada veinticuatro horas al día a la ventana, iniciando diálogos con los seres vivos que me rodean para no caer en la desesperanza o el sueño…y ese empuje hacia la vertical que se produjo cuando nací, se reproduce en este instante donde la soledad no puede ser compartida ni igualada por ninguna cigarra suicida…y en la ventana deposito lágrimas verdes, que se convierten al contacto con la madera, en amarillas como la cera.

Ocho

Uno

Era un amor poco sólido, se iba yendo por los resquicios al menor soplo de viento, era intenso, pero indolente. El amor es único. Éste fue uno de ellos.

Carta de otoño

A solas conmigo misma, me hiere la blancura del papel, ¡qué contarte, si has venido de tan lejos! ¿Qué el tiempo es benevolente?, ¿qué los árboles se desprenden de sus hojas secas?, ¿qué las estrellas parpadean con luz fosforescente?, ¿qué tengo una casa donde siempre podré cobijarme de la lluvia?…

El hombre, la mujer y el árbol

Un hombre amante, dulce y cariñoso, susurrando palabras tiernas al oído, no es un hombre, es un árbol. Era una mujer morena, alrededor suyo se movían las hojas de los árboles que caían, dice que lánguidamente.

 

25. Así la vida

Nada termina con definición
pues la grandeza surge de la nada.
Sumergidos hasta el pescuezo
nuestras ropas las seca el aire.
La fuerza de la superficie empuja
sobre las pasiones del alma.
Purificada por los elementos,
la vida, así la vida eterna,
la eternamente viva desnudez,
nos ampara al cabo del tiempo.

asi la vida
Foto de jqmj Queralt (El pi de Formentor)

24. Gaviotas

Sobre la fuente vuelan las gaviotas

Atormentado corazón:

entre las ramas secas de los árboles

te doy permiso para amar

contra el coloreado atardecer,

y para ser amado,

hermosas, del cielo y el mar,

te libero del abandono

nos acompañan tierra adentro

y los nervios encadenados.

para deshacer sus misterios.