Cinco

No hay frontera

No creas que no te quiere. No creas que aunque no te quiera te engaña. Estás tranquila y te viene a la mente una idea absurda que te envuelve como una niebla. Al cruzar la calle y verte en la misma acera que estabas, te extrañas.

Una caja

En un rincón había una caja llena de pétalos de rosa secos. Parecía inservible al hombre que la olvidaba en el trastero, pero cuando puso las manos sobre ella, el amor germinó y empapó las células de su piel, se introdujo en las células de su interior e hizo hervir el líquido que contenían; el vapor reconoció la esencia, se acercó a sus labios y besó su cuerpo a la luz de la luna.

Lágrimas

Lloras, pues llora, desnúdate en el lago rebosante de tus lágrimas, sumérgete y llora, cuanto más copiosamente, mejor.

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18. Soledad y Manuel

Ellos, hombre y mujer
al vapor de la luna bienvenidos,
versátiles navegan
por amor a la incertidumbre.
Ellos se dan la mano, humean,
se abrazan entre lagartijas
al compás de la sombra,
corazones a cuestas de ternura.
Ellos, paloma blanca
en los rizos del pelo,
ruiseñor encendido
en las aristas de sus labios.
Nada más mínimo al atardecer,
sino la luz que los envuelve
con el fuego de lo imposible,
nada más grande, nada más.
(A Soledad Calle y Manuel Pérez)