17. Lluvia mojada

Lluvia mojada sobre mi cabello,
de miedo te llamarán tempestad,
relámpagos acuáticos,
truenos húmedos sobre mi cabello,
de risa cielo gris te llamarán,
lluvia fina a tus pies,
hilachas de dolor en blanco y negro,
ensombrecido, consumido invierno,
vuelves atrás, te vas.

16. Miro al suelo

Miro al suelo, camino y miro al suelo,
frío en invierno, mojado si llueve,
mojado frío y gris,
el cielo arriba se dibuja
en estos estrechos callejones,
poco, las altas paredes se imponen:
pobre corazón solitario,
qué fuerte lates las tristezas.

Felicidades. Muchas felicidades

Yo pensaba que cuando todo haya pasado, el invierno no pelaría los árboles de esa manera fantasmagórica, pero cuando todo pasó, el invierno me devolvía el misterio del arte de sus árboles desnudos y yo pensaba “que no pase nunca”.
Claro que yo es un ingenuo empedernido y prácticamente nunca piensa, sólo lo supone, así que continua apoyándose en mí: en mí esto, en mí lo otro y cuando se atreve con la soledad se desmenuza y permite el paso al invierno victorioso.
No importa que cuando creo tener un hilo bien cogido de la mano, el hilo se haga tan largo que pierdo la paciencia de llegar hasta el final para encontrarme, seguramente, con que otro hilo ha ocupado el lugar del primero e incluso es igual de largo que él.
Y en plena sumersión, el desencanto es potencialmente un milagro de ternura, un lugar en el vacío donde el fin de los cabos tiene la medida de la sinceridad.
Y todo eso sin necesidad de complicarme la vida, porque a ver, ¿donde pisar para que los pies se hundan en la altura?.
Y si los años pasan, que pasen, allá ellos, su motivo tendrán…no vaya a ser que cuando subamos a encontrarnos con Dios cara a cara las piernas no nos sostengan.
(A Soledad Calle)

11. Y vertimos lágrimas

Y vertimos saladas grietas lágrimas
entre nosotros dos y nuestra sombra,
con ellas sueña la diosa alegría
y en su desierto caen dolorosas,
como no conocer su rumbo
si nos surcan la cara,
el cuello, los recuerdos,
cómo no conocer el rumbo
de nuestro propio llanto,
de nuestro propio duelo!.

Y vertimos lágrimas
Autor Maribel Ruiz Marrondo (Cascada en el oasis de Chebika, Túnez)

 

7. Ya sabes

Ya sabes, esperando en la parada
con los pies anclados al suelo,
todos esperamos lo nuestro,
todos tenemos pies de barro
y bolsillos llenos de piedras
y regalos anónimos ocultos
bajo el forro de la chaqueta.
Nos sorprendían los aviones,
un escarabajo en la acera,
los trenes en su altura, el monasterio,
aquel vómito, aquel dolor,
una serpiente amarilla, el cielo…
Nuestros recuerdos son las escapadas
abiertas en cruz al futuro.

Ya sabes
Autor Maribel Ruiz Marrondo (Autobús de New York)