17. Qué pena

Qué pena, de bondad vacíos
para los otros y para nosotros,
pitidos de electricidad,
las flores se abren a la luz

y que lloremos sin tristeza
mustios dolores casi siempre,
humos ascendentes, qué pena,
a estancarse en el techo,

que no seamos nadie, nadie,
de noche resolviendo crucigramas,
qué pena, números apátridas
avergonzados de nuestra locura,
de día, un ramo de hojas secas,

que la sonrisa se congele
tantas veces babosos, dientes negros,
pieles sucias, qué pena
y qué poco nos pesa la vergüenza.