23. En el techo

No merecía la pena un insulto,
ni tan sólo escalar paredes
para descubrir la lisura,
no, no era eso, era la esperanza
de temblores inquietos, de numerar planetas.
Conociendo tanto temor
se desentendía el destino,
en el techo corrían huérfanas las neuronas.

En el techo
Foto de Jason Corey (Life)
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22. Consuelo

Reciente de sucesos inestables,
rumores, animales y futuro,
consciente de su tacto,
otras dudas reales
se acomodan en su lugar.
Constelaciones y temores,
pulgas acróbatas, saltos de altura,
misiones superadas,
voluntad de poder,
todos en fila esperando su turno.
Sinfonía elegante y despeinada
concertada a los ritmos de sutura,
el director de la escena abre su alma,
parches relativos la adornan.
El consuelo en el Dios
hábil y novedoso,
no se agota bajo ningún pretexto.

 

22. Monasterio

Trae la noche el velo negro,
velo negro de corazones
desprevenidos por el trueno,
ya cubre el rostro dolorido
de la estatua de sombra blanca:
es niebla su silueta frágil
sobre las piedras de azurita.

Se abre la vieja puerta,
óxidos y crujidos despiertan mi memoria.

No es que la noche fuera tormentosa,
ni que en el pórtico del monasterio
sentará su poder sobre las losas
el hombre vagabundo y su destino,
es que asomada a la ventana
con ojos empequeñecidos,
miraba hacia la luz ruidosa
de aquel letrero luminoso.

¡Cómo saber las horas
consumidas a la monotonía!
¡Cómo esconder los libros debajo de la cama
para que absorban la humedad!
¡Cómo repetir la oración
si no recordamos el pan!

Y ante tanta incerteza escalonada
¡cómo saber quien soy!

Monasterio
Monasterio de Sant Pere de Galligants, Girona (Fons fotogràfic Salvany, Biblioteca de Catalunya)

Cielo

Recientemente he fijado mi vista en las nubes otoñales y me he encontrado casualmente con un espectáculo fascinante.
De color en color he pasado del perfil nítido de las montañas de delante hasta el perfil nítido del cielo oscurecido del lado oponente.
Y cual no sería mi sorpresa al comprobar que curiosamente también el verde ocupa un lugar predominante.

Cielo
Foto de Juan Carlos Mahadeva

Seis

Desde el principio

Es difícil amar a un hombre olvidándose por completo de la propia naturaleza, que ansía ser amada de manera exclusiva.
Amar a un hombre perdiendo la razón, es recuperar un estado de conciencia antepasado, resuelto a ser comprendido definitivamente.
Y sin embargo, nos amamos los unos a los otros.

Hombre homo

Si en medio del camino, con la luz blanca de la luna iluminando el paisaje, pudiendo caminar porque ves en la oscuridad, sientes el deseo de abrir el corazón al cielo inmenso y florecen de tus labios unas palabras auténticas, incluso las estrellas te rodean con mayor intensidad, si esa noche sientes el deseo de descubrir tu alma al mundo, ¿porqué no hacerlo, aunque a la luna le brote una lágrima negra?.

Hombre ausente

Estaba en la cama, todavía el roce de las sábanas era sinuoso, todavía acariciaba la almohada compañera.
El reloj hacía tic-tac, los pájaros sí, ya cantaban y un árbol junto a la ventana se mecía, se mecía, se mecía…
¿Dónde estás ahora?.
Sufro por tu ausencia.

10. Andar

Anduve mi tortura
como tú andarás la tuya,
no en vano leemos en los mismos libros.
Andaría sin peso, sin zapatos,
sin mapa, sin retorno,
mas he andado como una mula terca
y cada treinta metros
me cuadraba ignorando los caminos.
Aún mas habrá andado
el que llevo delante
sonriendo desdentado
al pedazo de suerte
que le ofrece el destino.
Por no querer ya no quería
ni andar un solo paso,
sin embargo ando tantas veces
girándome de espaldas al pasado,
que no veía las piedras
y los arroyos refrescaron
bien entrado el otoño.
De hecho, en el preciso momento
en que me detuve a rumiar
la próxima jornada,
sentí dolor de la ignorancia propia
de mi errante andadura.

5. Ahora

Ahora que es cálido el viento,
ahora que empieza el bullicio
y la renovación se exalta,
me apoyo en tu hombro y me cobija.
Ahora que tienen sentido
todos los años de mi vida,
todo el amor de las palabras,
Dios, agradezco tu presencia
desde dondequiera que esté
y hacia dondequiera que vaya.