Eramos dos

Pero aún sin querernos eramos dos almas solitarias donde no llegaba la ternura de los gestos ni de las palabras. Eramos dos animales encerrados en una jaula de desconsuelo que abierta como estaba nunca nos permitió la salida. Eramos dos rabias, una callada, una ruidosa. Eramos dos torpezas, una rechazada, una anhelada. Eramos dos muros, uno de papel, otro de piedra. Eramos dos corazones, uno bombeando, otro latiendo. Eramos una farola y la llama de una vela. Eramos tantos en dos y la multitud se abría paso para llegar más allá de lo que eramos capaces de caminar, exhaustos y satisfechos. Eramos dos ingenuos deportistas de un juego del que desconocíamos las reglas. Y conste que lo digo porque nos queremos.

Eramos dos
Foto de Ricardo Abengoza Hernández (Álbum Naturaleza y urbanas)

Uno

Los novios

En una urna están guardadas las cenizas de un amor que hubo hace tanto tiempo, que la cerradura se ha soldado y la llave se ha perdido. En su interior reina la oscuridad y carece el aire. La urna se cae al suelo en una ofensa y se abre como una sandía; la ceniza negra se derrama como arena quemada y huye por la ventana que está abierta. Los novios recogen la urna, la ajustan, la limpian, la sitúan y la preparan para guardar las cenizas de su propio amor, si el fuego algún día se extingue.

Una lágrima

Era verano. Era un verano especialmente caluroso, el sudor caía en gruesas gotas por el centro de la espalda, el lenguaje se limitaba a una sonrisa, los dientes eran de color blanco. Una lágrima realmente sobraba, pero ocurrió, indecentemente, que una mujer estaba triste porque el hombre que amaba no le dedicaba palabras bellas y en medio del verano, sus ojos eran una fuente de tristeza inagotable.

Es cosa de dos

En sí mismo el amor no es más que un sentimiento en el que se embarcan dos personas que para mas desconcierto son humanas.