22. Monasterio

Trae la noche el velo negro,
velo negro de corazones
desprevenidos por el trueno,
ya cubre el rostro dolorido
de la estatua de sombra blanca:
es niebla su silueta frágil
sobre las piedras de azurita.

Se abre la vieja puerta,
óxidos y crujidos despiertan mi memoria.

No es que la noche fuera tormentosa,
ni que en el pórtico del monasterio
sentará su poder sobre las losas
el hombre vagabundo y su destino,
es que asomada a la ventana
con ojos empequeñecidos,
miraba hacia la luz ruidosa
de aquel letrero luminoso.

¡Cómo saber las horas
consumidas a la monotonía!
¡Cómo esconder los libros debajo de la cama
para que absorban la humedad!
¡Cómo repetir la oración
si no recordamos el pan!

Y ante tanta incerteza escalonada
¡cómo saber quien soy!

Monasterio
Monasterio de Sant Pere de Galligants, Girona (Fons fotogràfic Salvany, Biblioteca de Catalunya)

Seis

Desde el principio

Es difícil amar a un hombre olvidándose por completo de la propia naturaleza, que ansía ser amada de manera exclusiva.
Amar a un hombre perdiendo la razón, es recuperar un estado de conciencia antepasado, resuelto a ser comprendido definitivamente.
Y sin embargo, nos amamos los unos a los otros.

Hombre homo

Si en medio del camino, con la luz blanca de la luna iluminando el paisaje, pudiendo caminar porque ves en la oscuridad, sientes el deseo de abrir el corazón al cielo inmenso y florecen de tus labios unas palabras auténticas, incluso las estrellas te rodean con mayor intensidad, si esa noche sientes el deseo de descubrir tu alma al mundo, ¿porqué no hacerlo, aunque a la luna le brote una lágrima negra?.

Hombre ausente

Estaba en la cama, todavía el roce de las sábanas era sinuoso, todavía acariciaba la almohada compañera.
El reloj hacía tic-tac, los pájaros sí, ya cantaban y un árbol junto a la ventana se mecía, se mecía, se mecía…
¿Dónde estás ahora?.
Sufro por tu ausencia.

12. Te diré

Te diré que el silencio
siempre se añora, igual que la ternura,
estamos desproveídos
y cuando las campanadas no escuche,
el aire me alimentará
con su fresco soplido.
Te diré que lo cotidiano es útil
y promiscuos los sueños,
es sincera la luna,
sin embargo la noche es un misterio.
Luce el alma a la luz del sol,
se embarga en experiencias
de calibre desconocido,
resuelve situaciones
con humillantes esperanzas
y te diré que la lucha es candente
(las mariposas bien lo saben)
y la vida un solemne pasatiempo.

Te diré
Autor Maribel Ruiz Marrondo (Ventana con cortina, Camporredondo, Lugo)