20. Humanidad

Pobres seres nos arrastramos
sobre el cemento y hasta el cuello,
rostros increíbles, pies de piedra,
pobres habitantes de un mundo
considerado propio,
empañado el aliento
de luces y durante siglos,
pobres y por no carecer,
ni miedo ante el reto supuesto
por el aire que respiramos.

Humanidad
Foto de Claudio Sepúlveda Geoffroy (Humanidad expuesta)

 

6. Aunque no nos veamos

Aunque no nos veamos
sé que estás triste al borde del mar frío,
quizás sonriendo de añoranza.
Las olas vuelven blancas para ti,
la arena al sol se tuesta para ti,
el cielo azul trasluce para ti,
el aire silba cerca para ti
y aunque no nos veamos,
ni el agua que nos baña
ni la arena mojada que pisamos
ni el cielo que nos cubre
ni el aire lejano que respiramos
me alejan lo suficiente de ti.

Sesión de relax

Ahora acuéstate sobre tu espalda y dibuja con tu cuerpo una estrella de cinco puntas, del centro emite un sonido, dirígelo hacia la altura, respira profundamente hasta que el aire choque con tu ombligo y devuélvelo al aire ahuecando tu abdomen, expirando con toda el alma para reunirlo con el grito desahogado de arriba, olvídate de que estás rodeado.
Ahora recurre a tu instinto para acomodar los huesos dentro de los músculos, indispensable mullir y sacudir el envoltorio de carne para ablandarlo.
Por último, pon tus sentidos de manera que tus no-sentidos atraídos por el simple existir vegetal, sientan deseos de conocerte.

El tonto

Había una vez un tonto que cada noche hablaba con la luna, cada noche del año, cada año de su vida; las moscas no le molestaban e incluso, algunas noches afortunadas, la luna le sonreía o le contestaba. Claro que las noches oscuras las pasaba mirando las estrellas, pero estaban tan lejos que no se les veía el rostro y hablar con quien no tiene rostro es, seguro, cosa de tontos. Comenzaba el verano y el aire era cálido. Una mañana de esas, el tonto salió de su casa y vio un perro meando en un árbol. Le entró tanto sueño de repente, que desandando el camino y sonámbulo, se metió en la cama corriendo y se durmió profundamente.

El tonto
Autor Maribel Ruiz Marrondo (Petunias en el porche, Camporredondo, Lugo)