13. Mi brazo hacia ti

Iba alargando mi brazo hacia ti
a mi lado sentado
conduciendo la furgoneta
y la distancia que nos separaba
era siempre la misma.

Totalmente extendido ya,
aún inclinando los omóplatos,
no te alcanzaba en el asiento.

Tú mirabas la carretera fijamente
y simplemente, no existíamos.

Volví el brazo hacia la ventanilla,
saqué la mano fuera
y el viento la hizo regresar
unida a la muñeca y al pasado.

El frío que la enfriaba
era una gran burbuja de vapor
comparado con la frialdad
que nuestros labios apretaba.

Así nos presentamos al silencio.

1. La vida en el valle

En el valle, sobre el nivel del mar,
donde conchas marinas fósiles
y esqueletos de saurios encallados,
testigos de la misma tierra,
de la fuerza con que la misma tierra
siempre considera su suerte
en el reino del purgatorio.

En el valle frondoso
de celulosas húmedas,
impregnadas de la belleza lúcida
que arde en cada rincón
de inmortal existencia.

Pero nada más hermoso
que despertar una mañana
y descubrir que estamos vivos.

Nueve

Un paseo

Un día en que reinaba la paz, el hombre y la mujer anduvieron un camino de barro y piedras bajo el sol empedernido de agosto. La huida les situó en el lugar que les correspondía, apretando sus cuerpos de humanos contra el tronco agrietado del roble y tolerando lo que parecía un milagro, el amor.

División

En su cuerpo hay indicios que superan toda duda, desde los latidos de su corazón hasta la esquivez de su mirada, son remolinos de un agua que hierve dentro de una olla. Y sabe que se tiene que desvincular de ese deseo que le ha atrapado sin querer.

Hombre cigarra

No es verdad que te esté esperando, aparentemente, asomada veinticuatro horas al día a la ventana, iniciando diálogos con los seres vivos que me rodean para no caer en la desesperanza o el sueño…y ese empuje hacia la vertical que se produjo cuando nací, se reproduce en este instante donde la soledad no puede ser compartida ni igualada por ninguna cigarra suicida…y en la ventana deposito lágrimas verdes, que se convierten al contacto con la madera, en amarillas como la cera.

Luna menguante

La luna está menguando, enciendo la radio, apago el despertador. Los baches se cruzan con marcha corta. La luna alumbra menos, la estufa me mira desconcertada, ya no la enciendo como antes. Esa ópera desde el piso vecino es como una caja de cerillas vacía. En el contestador del teléfono hay tres mensajes antiguos. Las toallas están alineadas, me río holgadamente, sin apretar los labios. Dos estornudos avisan imprevistos y ya voy por el segundo bostezo.
Ahora, con el azahar florido, me sumerjo en un campo de limoneros. Mis párpados se cierran, mis ojos no quieren mirar nada, hoy ya está todo visto.

luna menguante
Foto de Roberto Poveda (Flor de azahar. Tarbena)

Ocho

Uno

Era un amor poco sólido, se iba yendo por los resquicios al menor soplo de viento, era intenso, pero indolente. El amor es único. Éste fue uno de ellos.

Carta de otoño

A solas conmigo misma, me hiere la blancura del papel, ¡qué contarte, si has venido de tan lejos! ¿Qué el tiempo es benevolente?, ¿qué los árboles se desprenden de sus hojas secas?, ¿qué las estrellas parpadean con luz fosforescente?, ¿qué tengo una casa donde siempre podré cobijarme de la lluvia?…

El hombre, la mujer y el árbol

Un hombre amante, dulce y cariñoso, susurrando palabras tiernas al oído, no es un hombre, es un árbol. Era una mujer morena, alrededor suyo se movían las hojas de los árboles que caían, dice que lánguidamente.

 

25. Así la vida

Nada termina con definición
pues la grandeza surge de la nada.
Sumergidos hasta el pescuezo
nuestras ropas las seca el aire.
La fuerza de la superficie empuja
sobre las pasiones del alma.
Purificada por los elementos,
la vida, así la vida eterna,
la eternamente viva desnudez,
nos ampara al cabo del tiempo.

asi la vida
Foto de jqmj Queralt (El pi de Formentor)