Sesión de relax

Ahora acuéstate sobre tu espalda y dibuja con tu cuerpo una estrella de cinco puntas, del centro emite un sonido, dirígelo hacia la altura, respira profundamente hasta que el aire choque con tu ombligo y devuélvelo al aire ahuecando tu abdomen, expirando con toda el alma para reunirlo con el grito desahogado de arriba, olvídate de que estás rodeado.
Ahora recurre a tu instinto para acomodar los huesos dentro de los músculos, indispensable mullir y sacudir el envoltorio de carne para ablandarlo.
Por último, pon tus sentidos de manera que tus no-sentidos atraídos por el simple existir vegetal, sientan deseos de conocerte.

Un cuento

Había una vez en un país lejano un hombre viejo que vivía en una cabaña. Como no le fallaba la memoria conversaba con sus animales. Se recogía al ponerse el sol. Era su vida monótona, justo lo que su vida necesitaba.
Un día, empezado el otoño, se desató una fuerte tormenta. Frente a su plato de sopa escuchaba los truenos sin inmutarse.
Fue esa noche cuando llamaron a la puerta. El agua de la lluvia sonaba fuerte en el tejado y recordó que hacía años que no hablaba con nadie. Se encogió en su silla. Volvieron a llamar. Era difícil saber quien podría ser si no iba él mismo a averiguarlo.
-¿Quién eres? -se oyó decir.
-Un soldado. Estoy perdido.
Y el viejo recordó las mentiras de los hombres. El agua de la lluvia sonó fuerte en el tejado. El de afuera gritó:
-¿Podría pasar la noche aquí?
Su voz era joven.
Y ocurrió que el viento abrió de un fuerte golpe la puerta y el soldado entró empapado en la casa.
-¿Podría pasar la noche aquí?
-¿Quién eres? -se oyó decir.
-Un soldado. He desertado y estoy perdido, mis pasos me llevaban sin rumbo, he andado dos días, la tormenta me ha detenido, quisiera dormir.
-Acuéstate en ese catre -se oyó decir.
Un pensamiento tiene la fuerza del viento. El viejo terminó su sopa se levantó y cerró la puerta. La tormenta permanecía sobre el tejado. Las ropas del joven mojaban la madera.
Cuando amaneció cantó el gallo, el sol bostezó cuando el cielo ya era un espejo azul. En la cabaña el silencio era dueño de la mañana.
Fue ese mismo día cuando volvieron a llamar a la puerta por segunda vez:
-¿Hay alguien ahí?
Nadie contestó.
El joven instintivamente se escondió debajo de la cama y arrastró sus ropas hacia sí.
-¿Hay alguien ahí?
Entonces comprendió el viejo que sus días de silencio habían pasado. Porque todo pasa, hasta la soledad.
-¿Qué ocurre? ¿Quién llama? -gritó su garganta.
-¿Es necesario que derrumbemos la puerta?
-Ya voy, ya voy.
-Estamos buscando a un hombre. Es un fugitivo, puede ser peligroso.
-Hace años que nadie se acerca a mi casa.
Mientras tanto el soldado había desaparecido. Registraron a conciencia la pobreza ante ellos pero nada encontraron.
Esperaron, prepararon café, lo bebieron, esperaron.
-Hace años que nadie se acerca a mi casa.
-Aquí no está lo que buscamos!
Y se fueron.
Aunque él sí sabía donde se encontraba, primero fue a atender a los animales, es buena la leche de cabra. Se entretuvo dando un paseo por el bosque, quizás recordando una imagen: un apuesto joven fuerte y valiente, alguien que se esfumaba entre sus canas.
-Encontraste el agujero.
-Necesito vivir, ahora más que nunca.
-No creo que vuelvan, ¿hacia dónde vas?
-Voy lejos, hacia ninguna parte.
-No podré indicarte el camino.
-Entonces me quedaré aquí, un año.
-Eso no está muy lejos.
-Tanto como la oscuridad. Puede que el sol ilumine sus campos. Los míos están inmersos en las tinieblas.
Pasaban los días. Apenas nada sabían el uno del otro. Y pasó un año.
-Mañana me marcharé, pero aún quiero que hagas algo por mí.

En el pueblo se murmuraba que el viejo de la cabaña había desaparecido pues había repartido los animales. Nadie le vio marchar pero tampoco nadie se acercó a su casa. Algunos soldados habían hecho preguntas sobre un compañero desaparecido, estuvieron unos días incordiando y se fueron. Así todo volvió a ser como antes.
Una mañana apareció una inscripción en el suelo de tierra de la plaza: «Un pensamiento tiene la fuerza del viento».
Otra mañana, al amanecer, se oyó un ruido estruendoso en las montañas. El alcalde organizó una comitiva realmente curiosa que se encargó de investigar los hechos: éstos resultaron ser un gran agujero en el monte de roca del que manaba una hermosa fuente de agua cristalina que iba a estrellarse contra sus pies.
Al difundirse la noticia fueron muchas las personas que visitaban el manantial, algunos recogían el agua con sus manos y como era tan clara la llevaban a sus labios y ocurrió que a medida que bebían, algo en ellos se transformaba y sanaba.
En sus sueños todos tenían la misma visión: bajo la luna llena una hombre viejo y un hombre joven caminaban a lo largo de la noche. Entonces querían ver sus rostros, ansiaban conocer a los vagabundos, pero justo cuando ya les alcanzaban y ponían los dedos sudorosos sobre sus hombros, se despertaban envueltos en una dulce melancolía, felices.
No lejos de allí, pero todavía muy lejos y rendidos de tanto caminar, el viejo y el soldado sonreían al ver de nuevo la cabaña.
-Hemos vuelto, ahora ya lo sabes todo. El manantial fluirá hasta el día en que los seres humanos nos conozcamos a nosotros mismos.
-Te deseo una larga vida entonces.
Los dos hombres emprendieron caminos opuestos.
El viejo encontró una casa en las afueras del pueblo y aunque nadie le conocía entabló conversación con todo aquel que le mirara con bondad a los ojos.
El joven encontró una casa en las afueras del pueblo y aunque nadie le conocía entabló conversación con todo aquel que le mirara con bondad a los ojos.

Un cuento
Autor Maribel Ruiz Marrondo (Niebla en Montserrat, Barcelona)

Paciencia

Como quiera que el amor sea algo cruel, algo más incluso, cruel, pues debajo de la almohada guardo dos corazones: uno está roto, el otro, entero, prefiero no verlo para creerlo.
También una mariposa sin alas bastante desfavorecida por cierto, un pañuelo para los mocos que se ha secado, bueno, maldita sea, ya era hora, unas cuantas cartas románticas que no, ahora no son lo mismo.
En fin, como quiera que se alargaban los minutos de sol, estrené un nuevo aparato para resistir de aquellos que duran el tiempo suficiente de una espera y poco más que un nuevo desengaño.
Por los endurecidos callos que no tengo, por los animales que no aman, por las iglesias vacías que no frecuento, por nosotros, los unos y los otros, y por los mosquitos que intuyen la bienvenida ola de calor que nos visitará este verano, comoquiera que los sordos no comprenden las sorderas de los orejudos, pues debajo de la almohada guardo un saco de paciencia.

Paciencia
Autor Maribel Ruiz Marrondo (Isla de Lobos, Fuerteventura, Islas Canarias)

Felicidades. Muchas felicidades

Yo pensaba que cuando todo haya pasado, el invierno no pelaría los árboles de esa manera fantasmagórica, pero cuando todo pasó, el invierno me devolvía el misterio del arte de sus árboles desnudos y yo pensaba «que no pase nunca».
Claro que yo es un ingenuo empedernido y prácticamente nunca piensa, sólo lo supone, así que continua apoyándose en mí: en mí esto, en mí lo otro y cuando se atreve con la soledad se desmenuza y permite el paso al invierno victorioso.
No importa que cuando creo tener un hilo bien cogido de la mano, el hilo se haga tan largo que pierdo la paciencia de llegar hasta el final para encontrarme, seguramente, con que otro hilo ha ocupado el lugar del primero e incluso es igual de largo que él.
Y en plena sumersión, el desencanto es potencialmente un milagro de ternura, un lugar en el vacío donde el fin de los cabos tiene la medida de la sinceridad.
Y todo eso sin necesidad de complicarme la vida, porque a ver, ¿donde pisar para que los pies se hundan en la altura?.
Y si los años pasan, que pasen, allá ellos, su motivo tendrán…no vaya a ser que cuando subamos a encontrarnos con Dios cara a cara las piernas no nos sostengan.
(A Soledad Calle)

Exposición de flores

¿Si alguien te da una patada en la rodilla, una mujer por ejemplo, grandota, con el pelo corto y gafas y tuviera algún punto de razón o la depresión posparto pero a pesar de todo te duele y al día siguiente un moratón le da color y cavilas que no era para tanto, que no eran necesarios tantos insultos ni la agresión en sí ya que anteriormente el marido (ya se sabe que el padre padece el síndrome dejado de lado ) de la susodicha mujer, por ejemplo, te había dado un golpe con la rueda delantera izquierda de su coche y teniendo en cuenta que en un momento de lucidez había habido un pacto de perdón, entonces, qué haces?
¿Eh?
¿Qué haces?
¿Buscar el origen del conflicto y desear que la próxima vez sea diferente?

Permanencia

Permanecer oculto, estoy triste: el mundo es un pantano.
Triste por los hombres y mujeres que andamos durmiendo a gritos.
Triste por los animales salvajes que vamos civilizando.
Triste porque mi vida es gris como los días que vivimos.
Triste porque me gusta estar triste, porque quiero y ¡ni una sola gota de alegría se colará en el rincón que la tristeza se ha ganado palmo a palmo!.
Dientes ansiosos no tenéis que morder, pobres pedazos de mineral blanco, fuerte, maduro, bello y apretado.
Pobres manos huesudas y deformadas que escriben sin tino a la luz de una lámpara.
Pobres sueños que hoy no se cumplen y mañana a saber.
Pobre piel sin caricias, abandonada en un cuerpo triste.
Penoso, angustioso, la angustia y las tripas son uno:¡escupe! ¡vomita! ¡te has tragado algo indigerible!.
Triste porque sí, nadie manda en mi tristeza sino el caso que me ocupa.
Pobres seres que desconocemos el destino al que nos veremos sometidos: ni humildes ni humanos, tal vez solitarios de una soledad invasora nada más.
Pobres máquinas obligadas a funcionar en contra del más puro sentido común.
Pobres árboles, tan hermosos y somos nosotros contra ellos.
Pobres árboles que caen a tierra abatidos por los infieles.
Pobres tripas retorcidas dentro de la cavidad abdominal llenas de alimento pastoso ajeno a su naturaleza.
¿Quienes somos?
Pobres armarios cerrados a veces humedecidos de asco, ¡quién lo duda a estas alturas!
Pobres descendientes del mono peludo, más hábiles e inteligentes.
Pobre inteligencia desbordada por la desconexión de su base, atiborrada de azúcar y nicotina y tóxicos varios.
Pobre Maribel.
Pobre rueda de la vida que no tiene permiso del conductor para detenerse.
Pobre viajero sin equipaje, allí donde duerme hace un nido y donde sueña se deshace en llanto.
Pobres lágrimas de tristeza que empañan la locura con su aridez.
¿Qué más puedo decir?
Pobres hojas en blanco, os deseo palabras bellas y sinceras, os deseo el bien de la eternidad: la permanencia.

Alguien

Hay algunos días en que alguien se levanta o no, no se levanta. Alguien se queda horizontal algunas mañanas porque le pesa demasiado el cuerpo o le sobra la mitad de la conciencia.
Es decir, alguien se queda en la cama acostado esperando sinceramente nada, sino que pase el tiempo. El tiempo pasa y  alguien empieza a pensar que sería mejor un empujón hacia la vertical y el peso lineal, de esa manera entraría en actividad un cuerpo que tiene unos pies al principio y una cabeza al final.
Alguien acaba de nacer a una nueva jornada y piensa que el sol es suficiente para levantar su ánimo. Pero no hace sol, y si el sol está oculto mejor sería destaparlo apartando las nubes con las manos o bebiéndoselas de un trago.
Alguien entra en contacto con su impotencia delante de la naturaleza y decide no decidir lo que sería ideal.

Pues vaya

Se llama ruido y nos envuelve, vaya vaya, me ignoro, mi corazón latiendo. Estimados ellos, vamos a por cera por si se encalla. Tropiezo contra el suelo, disimulo, rebotan dos vasos en mil pedazos estrellados, es mucho vidrio. Hierve el agua. Está lloviendo. Sin serlo voy a desgranar un racimo de uvas antes de que las arañas empiecen a domesticar rincones, para eso nos atamos los cordones. Más cerca ya no se puede, dije yo, y quería decir nosotros.

Y quería decir nosotros y he dicho yo, la distancia misma que tarda el humo en abandonar una uña, un tiempo auténtico considerable. Aparte encontrándonos desdichados, abandonados, insubordinados, nada que haga sospechar la curiosidad por un jueves cualquiera. Ni nosotros ni yo, sino vosotros: se difumina al caer la tarde de espaldas contra la montaña. Nosotros permitiendo escaramuzas, yo condenando aullidos incorrectos, vosotros repitiendo los contenidos. Dunas, alegres seductoras. Luna, feliz encuentro. Quería todo complacida en mis terrores. Quería nada, por eso se desestimaba. Y ahora encuentro un poco de algo que, por si las moscas, recuerdo que amor y odio son formas de calor.

Recuerdo que amor y odio son formas de calor y la vela más alta se extinguió primero, nada sospechoso, su cera se derramó deprisa; la otra aún suspira en voz alta, poco le queda, han sido el aire y la bombilla. El amor llama y el odio llama. Sucede que ambos se limitan a sonreír en el escaso pronunciamiento de sus columnas de fuego: no llegó ni a un cuarto de hora.

No llegó ni a un cuarto de hora. El reloj se ha atrasado en su sitio. No llegó ni a un cuarto de hora queriendo.

No llegó ni a un cuarto de hora queriendo, una lluvia corta, un paseo corto, una tarde corta, eso pasó lo que no pasó. Está inscrito en el tablón de anuncios más o menos de esta manera: aquí yace el tiempo que donde ocurrió no fue aquí, pero me impregnó los cabellos.

Pero me impregnó los cabellos hasta un día más. Luego dirán que el agua es media vida. Toda una vida y se derrumba, se derrumba, abajo todo. Los fantasmas mejor dejarlos en el castillo. Ahora a construir, arriba todo.

Ahora a construir, arriba todo, mi reloj siempre juntos viendo pasar ¿la vida? ¿las horas? ¿el tiempo?, viendo pasar todo eso que se va yendo, los dos, quieras o no. A la luna le pedimos nuestros deseos y cuando está llena, no tenemos. Después de que ladró el perro gritó el hombre, estábamos cerca para oírles. La luna mengua, el árbol crece dando placer a la tierra, el río devuelve el agua. Estaremos juntos cuando la luz nos envuelva. Siempre tendré un trozo de piel para ofrecerte, pero mañana será una rosa.

Pero mañana será una rosa, la rosa blanca de la paz, la lluvia blanca que caía.

La lluvia blanca que caía serenaba mi corazón dolido. ¿Eres tú? ¿el fantasma de las mil obligaciones? ¿el que lleva el agua a las alcantarillas?. Bueno, seguirás su curso junto a las gotas y tantas gotas y tantos fantasmas juntos. Eso es, disuelto a mi lado: no tenías futuro en este campo abonado con estiércol inmaduro. Tu sábana blanca. Tu rostro sin rostro encerado se perdía bajo la sábana blanca. Solo una cosa ¿mientras nos perseguíamos no notaste que la cadena era una invasión de hormigas?. Vale vale, eres tú, me consta.

Vale vale, eres tú, me consta.

Vale vale, eres tú, me consta: la escalera de siete peldaños, la flor enmascarada, la tentación de volver la página. Ignoro lo que sabes o lo que no sabes, si subes o bajas la escalera, si miras o te mira la flor, si abres o cierras la página. Por eso estábamos siendo un escaparate donde las mercancías no tenían precio ninguno. Y nos tienta valer.

Y nos tienta valer cueste lo que cueste el presente ausente, olvidado, sedado y el punto de mira en las olas.

Y el punto de mira en las olas mi cuerpo es feliz, feliz cuando el mar me sumerge realmente pequeña, una pequeña historia. Un mundo entero de personas era más de lo que podía suponer.

Pues vaya
Autor Maribel Ruiz Marrondo (Camporredondo, Lugo)