Ermita de piedra

La ermita era de piedra. En una ventana pequeña protegida por una reja el cristal dejaba pasar el aire. El vacío era sagrado excepto por la imagen de un hombre clavado en una cruz con los pies desnudos y vestido su cuerpo apenas con un lienzo de escayola blanca; su mirada de ojos entornados penetraba en la profundidad del suelo, donde dominaba el espacio cerrado por gruesas paredes de su reino. Rodeando el exterior, hermosos árboles verdes y hojas doradas caídas en la tierra, muertas, pero no crucificadas. Montaña abajo rodaban piedras grandes que se resistían a convertirse en arena.

Ermita de piedra
Fotografía de Albert Cortel (Ermita)
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Andar torpe

No te estaría deseando pero te estaría deseando al mismo tiempo. Te olvidaría inmediatamente, nula existencia, pues si te olvidara no habrías existido, cruel ignorancia y aún así, la memoria entregada a su intermitencia me sacudiría del polvo acumulado. Te sufro, ya que no puedo quererte, la sombra persigue y sufre ambas oscuridades, nuestras las dos, a cual más feroz, el amanecer y el atardecer en desacuerdo común.

Andar torpe
Foto de Barloventomagico (Mochuelo de hoyo)

Se dice

Se dice círculo el último:
uno grande donde quepamos todos con las narices tapadas corriendo descalzos por la hierba.
Se dice especial ese de al lado:
el de la nuca tibia tropezando con las hormigas en el vehículo que quiere fiesta y de una manera u otra la tendrá.
Se dice ayúdame:
y nos invade una locura ciega y se levanta el telón.

Se dice
Foto de r2hox (Lúcida locura-36)

 

El profeta

El profeta fumaba despistado, quizás se había equivocado de planeta: en el folleto decía bien claro que los terrícolas eran seres inteligentes y sensibles, pero nada decía de sus fuertes cuerpos físicos, y él no podría conquistar una civilización donde no se luchara en igualdad de condiciones.
El profeta era un ser con fuerza y antes de predicar sus evangelios, hizo footing, como todo el mundo.

El profeta
Foto de Stròlic Furlàn – Davide Gabino (Jogging senza età)

Mística, mímica, rítmica

Aquí enfrascados en una lucha entre dos culturas: las culturas quieren ser un solo Dios verdadero, como les está enseñado en sus catecismos.
Gracias al sonido de los motores, de las sirenas, del murmullo, del movimiento, es rítmico el dar vueltas, ¿o era al contrario?, ¿gracias a dar vueltas son rítmicos los sonidos y los movimientos…?
Bésame, acaríciame, desnúdame, vamos a dar vueltas, a centrifugarnos, a descubrir nuestra sexualidad, a suspirar.
Vamos a nutrirnos de sexo, a envolvernos con los ojos abiertos, sin control.
Ahora no me expliques que los seres humanos somos vulnerables al tacto y sensibles al placer de los sentidos animales.
Vamos a meternos en la penumbra.
Vamos a chuparnos.
Vamos a mamarnos.
Mamones pequeños fuimos antes de aprender a considerar.
Dislócame ahí.
Ahí donde las rocas perdieron el movimiento en las plantas, ahí donde las plantas perdieron las raíces en los animales.
Vamos a ganar al mensaje de la imaginación…

Mística-mímica-rítmica
Foto de Daniel López (Beso)

Imprescindible

Comprendo teóricamente la imprescindibilidad, una de las causas comunes del estrés y una de las mejores armas que tiene el “yo” para manifestarse. El tiempo es sumamente inestable aunque creo que no nos llegará. El ser imprescindible se mueve con rapidez, la lentitud exige un desprendimiento sereno de la deidad. Un corazón vale mucho más si late. Un día importante en nuestra vida es aquel que,  nos levantamos por la mañana y a pesar de todo, misteriosamente, seguimos vivos. El aburrimiento es fiel. La fidelidad nos devuelve a casa cada día y sabemos imprecisamente que  nos pertenece. El silencio es la ley natural de los sentidos  y le agradecemos imprescindiblemente que nuestra creatividad cobre vida.

Imprescindible
Foto de Gerard Fortaner (Encantes de Barcelona)

Noche de gatos

Aquella noche la gata parda estaba maullando debajo de un coche. Aquella era una noche de gatos: un ejército de gatas en celo maullaban solemnemente bajo la luna llena; por lo menos había una aunque el eco de la desierta calle estrella confundiera a un ejército de gatos que lo mismo trepaban a las verjas de los jardines que corrían por encima de los coches aparcados; por lo menos un par de ellos habían porque poco después se enzarzaban en una pelea de mordiscos y zarpazos a cual peor.

Noche de gatos
Foto de Santi P. A. (Reunión oscura)

 

Eramos dos

Pero aún sin querernos eramos dos almas solitarias donde no llegaba la ternura de los gestos ni de las palabras. Eramos dos animales encerrados en una jaula de desconsuelo que abierta como estaba nunca nos permitió la salida. Eramos dos rabias, una callada, una ruidosa. Eramos dos torpezas, una rechazada, una anhelada. Eramos dos muros, uno de papel, otro de piedra. Eramos dos corazones, uno bombeando, otro latiendo. Eramos una farola y la llama de una vela. Eramos tantos en dos y la multitud se abría paso para llegar más allá de lo que eramos capaces de caminar, exhaustos y satisfechos. Eramos dos ingenuos deportistas de un juego del que desconocíamos las reglas. Y conste que lo digo porque nos queremos.

Eramos dos
Foto de Ricardo Abengoza Hernández (Álbum Naturaleza y urbanas)

Historias de lobos

Lo haremos extensivo a los otros simuladores, aunque no sería conveniente recordar ni una palabra de su despedida.
Decidme ahora las mismas mentiras y responderé con los mismos fregaderos.
Me temo que la luna está llena y el patio lleno de hombres lobo (oigo ruidos sospechosos desde la cama, gruñidos y pisadas de cuerpos animales voluminosos).
Me atrevo a asomarme por la ventana para ver si veo y me asomo.
En vez de oscuridad, los marmóreos rayos lunares hacen espectridad y la verdad es que hace tanto calor que ni el viento se escucha (después, ya cercana la madrugada, pude ver el viento secuestrado y escondido en el pecho del rey hombre lobo) y miro hacia delante y hacia arriba y hacia abajo: nada mortal se mueve excepto el vecino que se da la vuelta en una cama revuelta, tal vez soñando y sudando al mismo tiempo.
Sin embargo algo no es normal, un olor quisquilloso a corazón derretido, no sé, una presencia acuosa detrás de las orejas.
Ojeo la lejanía como sin querer ya que la cercanía se me escapa y allá tampoco la noche es oscura.
Como decirlo, es repentino, es inhumano, es ancestral, es involuntario, es una cuchara bien grande que agita el contenido de una olla bien grande y bien vacía.
Desde luego detrás de la vegetación habían dos ojos brillantes, rojos, redondos y dos colmillos brillantes, blancos, larguísimos y una risa equivalente a ¡vete, huye ahora que puedes!
Y no, al contrario, creí necesario bajar a competir con la bestia, sin armas, sin miedo, sin resistencia, sin intermedio.
El jardín no sospechaba aún que no somos nadie y antes de aterrizar en él me caí de frente contra el suelo del vestíbulo y en eso escuché nítidamente como se abría la puerta a su manera y en eso noté una garra de brillantes, negras, largas uñas, levantándome sin esfuerzo aparente y sin miedo.
Yo le dije a la cosa por si me entendía: es muy tarde para la ciudad, para ir andando sin rumbo recogiendo a la gente que tiene la mala pata de caerse, pero habla tú, si es posible.
Me llaman hombre lobo y no soy hombre ni lobo. Me alimento de rayos blancos de luna. Camino y observo. De día me escondo en donde no me ven ni veo. No tengo sombra ni calor ni frío. Solo ando solo siempre sin mirar atrás ni deprisa ni despacio. No pienso, no canto. Recorro los lugares donde nunca antes he estado. Y mi final no tiene final pues nunca lo ha tenido. Somos pocos. Toma una ráfaga de viento fresco, aquí guardo trazos de todos los vientos. Y nunca hablo con extraños. Ahora te empieza a crecer un poco de estremecimiento en el pecho, la llegada del nuevo despertar y algún día serás vagabundo de miserias y desconsuelos, pero falta un buen trozo de tiempo, te recogerá la brisa del mar, te llevará, ¿me entiendes?, entiéndeme porque me voy, ¡eh!, me voy.

Realidad, amanece, devuélveme los rayos de sol!