17. Las horas que pasan

Qué tristes las horas que pasan
a nuestro lado sin rozarnos,
qué elegantes, frías, de escarcha,
témpanos colgando de un filo.

Y del tiempo que las habita extrañas
y embebidas en su soledad única.

No, no somos nosotros
los destinados a la muerte,
son ellas, gélidas y desgranadas,
llorosas, corrompidas y ruidosas.

Miro el mar y la lejanía,
enreda el viento mi pelo en la cara
y ancha la luna me sonríe,
aunque no te lo creas.

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