18. El sol estaba ya

El sol estaba ya en el cielo
a segunda hora de la madrugada,
brillando y calentando
y reventando de calor
para callarnos la boca reseca,
se presentaba desafiante
para molernos con sus rayos
por todo el día, todo el santo día,
el viento sofocante,
desde el balcón, los pájaros
pajarillos y pajarracos
volaban alto dibujando círculos
de color amarillo,
piando amenazadoramente.

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17. Las horas que pasan

Qué tristes las horas que pasan
a nuestro lado sin rozarnos,
qué elegantes, frías, de escarcha,
témpanos colgando de un filo.

Y del tiempo que las habita extrañas
y embebidas en su soledad única.

No, no somos nosotros
los destinados a la muerte,
son ellas, gélidas y desgranadas,
llorosas, corrompidas y ruidosas.

Miro el mar y la lejanía,
enreda el viento mi pelo en la cara
y ancha la luna me sonríe,
aunque no te lo creas.

Nuevo destino

En eso me encontré cara a cara con mi destino, el implacable. Ahora vendrás por aquí, me vino a decir y qué podía hacer yo sino recuperarme de las viejas andanzas de los anteriores destinos. Así que le dije, vale, iré y mira por donde el implacable resultó estar de acuerdo conmigo en este punto esencial.
Por eso vamos a andar, para que nuestro corazón se recupere de los tediosos fastidios y después nos bebemos un gran vaso de agua, ¡tenemos tanta sed! y ahora sí, con el cuerpo hidratado, captamos lo más fundamental.