8. Sábado

Bajo el alquitrán escondido
un nudo pegajoso de tormentos.
Llueve, el viento en el patio se refleja,
las puertas carcomidas se distancian
de los puentes sin nombre.
Es bien innato el desperdicio,
es un pozo de hielo.

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Emigración

De allí de donde venimos es la lluvia, algunas veces, una gota realmente intensa hacía un agujero redondo en el paraguas, la hierba verde se saciaba y resbalaba bajo los zapatos de madera. De allí era el fin de la Tierra protegido por acantilados, más lejos, lo incierto, la nada. ¿De dónde somos hijos?. Recuerdo que íbamos a perder las costumbres, la lengua, la ciencia del misterio; todavía no teníamos sentido pero las maletas se llenaban de ropa con olor a vaca, entonces nos engendraron lejos del lecho de heno, nos parieron bajo luces ensordecedoras, pero nacimos, y tal vez, si comprendemos la necesidad que una semilla tiene del aire, de los insectos, de la tierra fértil, y así, podemos perdonar que el agua que nos alimenta no sea el agua pura y cristalina que por casualidad no bautizó nuestras frentes, enfrentados al conocimiento de un mundo abierto, así tal vez sepamos de dónde somos almas.
(A Manuel Pérez Hervella)

Emigración
Autor Maribel Ruiz Marrondo (Zaguán de casa gallega, Camporredondo, Lugo)

14. Alegría

El calambre se desvanece,
se lo lleva el viento consigo
a donde vaya después de pasar
(los delirios rompen las sillas).
Es liberada la alegría
al mirar el límpido azul,
entonces, nada es más dichoso,
que el regreso a la sencillez
de cuando éramos sólo lo que somos.
Las palabras golpean la persiana,
después, la conclusión establecida
de volver a besar los labios
de quien transparente nos ama.

Impertinente realidad

Nos sacuden tus palabras heladas, tu certeza desnuda y amplia es más cercana, todavía, que la lentitud sospechosa de las hojas que caen. Somos espinas clavadas en la próspera carne de un sueño; entretejidos buscamos bajo los clavos y las nubes y allí, inoportunos, premeditadamente cara a cara, ni el engaño de estar viviendo nos podrá liberar de la estatura de las apariencias. Levántanos si puedes y pega con saliva unas alas endebles entre nuestras espaldas; quizás así, tras aplanar el vuelo y abalanzarnos sobre la carroña, podamos ver elevando la mirada, más allá de tu presencia, una tenue luciérnaga.

9. Descanso

El fuego en la chimenea crepita
alrededor de un sábado
que parece domingo,
sentados sin costuras, pies calientes,
ellos te consideran
un ave sin paraíso.
Es invierno, mi amigo está enfermo
y quisiera arrancar
el dolor de su cuerpo.

Te besa la medianoche
con sus gruesos labios negros,
con sus anchos brazos negros
te abraza la medianoche.

Hace calor, mi amigo está dormido,
el olor de su tierra
me devuelve la calma,
abre los ojos para respirar,
unas palabras tenues
no serán imposibles
y tomaremos un vaso de vino
antes de amar el miedo,
ese rayo atrevido.
(A Manuel Caballero Malpica)

13. Comunicación

Es una moto, estoy segura,
no, son dos motos y se van, seguro,
es un perro, ladra, se calla,
un coche y otro coche
ruedan la calle de adoquines,
los pájaros descansan en los árboles
y las ventanas, muy cerca unas de otras,
se cuelan y se mezclan
en los canales de televisión,
las sillas se levantan
y cambian de lugar,
e incluso los tacones
recorren las habitaciones
y se cierra una puerta.
Son, a pesar de todo,
las doce de la noche,
los relojes a veces
no sirven para nada.
Y creo que al volver la esquina
un tren se llevará mis huesos
y los conducirá esquivo
lejos de la ciudad total
y quiero creer que el amor volverá
a reclamar mi cuerpo para siempre.