7. El sol me aplana

El sol me aplana cálidamente,
conozco los ruidos ajenos
aunque no sé por qué ladran los perros;
helada está el agua,
el cometa, como un novio
viste el cielo de asombro
y se dirige al altar de su unión,
hilos entre nosotros
para tejer el único vestido
que cubra nuestra desnudez.

Una libélula un escarabajo una luz que se acerca una tortura dos besos

Había una vez un escaparate en una calle ancha y luminosa, lucía hermoso y ceremonioso cuando los transeúntes se acercaban al cristal a contemplarlo. Al otro lado una muchacha mimosamente se encargaba y paciente esperaba el sonido de la campanilla, aunque hacía ya semanas que nadie cruzaba el umbral, ni tan solo para preguntar el precio de alguna de las mercancías.

10. A la nevera me asomé

A la nevera me asomé por dentro,
el frío mundo blanco
exhaló su aliento en mi cara,
pero no tenía hambre,
tenía ganas de llorar
y qué puerta escoger
para abrir el llanto adecuado.
Los ruidos emborronan la ternura
tan obstinados en sonar
y tal vez un tupido velo
se cruce entre nosotros y mi rabia.
De vuelta, el cielo azul eléctrico
sencillamente era admirable,
desconecté las miradas ajenas
y la propia mirada
de lágrimas bañada,
el sonido minúsculo
de los ojos cargados de conciencia
y el suave despertar
de un arrepentimiento arrepentido.

6. Me despierto

Me despierto en la cama
a mi lado tendida sin aliento,
atiborrado de sueños el cuerpo,
lejos de la luna, muy lejos,
el techo de rostros poblado
sin tocarlos y afuera llueve,
ahora llueve siempre blanco,
es agua, mucha agua, todo agua,
las nubes por sombrero
se cuelan en nuestra mente aturdida
traspasando humedad a la mirada.