Sublime ocupación

Usted no hace nada, se aburre, no se lo monta bien y ni siquiera descansa, por eso imagine que se levanta con modorra de la cama y se tumba en el sofá que ha perdido un muelle y se acomoda en ese hueco tan acogedor; luego imagine que se levanta con pereza del sofá y se asoma al balcón soleado.
Bien, ahora sí, levántese de la cama con todo el día por delante, todo un día con sus inmensas horas, sus eternos minutos y sus desaprensivos segundos; puede hacer cualquier cosa…tumbarse en el sofá…¿hay algo más?; si el sofá le espera debe acudir a la cita, el muelle roto ha dejado paso a un interesante hueco anti-enderezamiento.
Usted se acopla y con usted su perro, que ve la situación de una manera natural.
Después tiene varias opciones, por ejemplo, cambiar de posición: ponga la cabeza en el otro brazo y los pies en este brazo, muy bien, todo va bien a pesar del esfuerzo que le advierte que se está mareando.
Al cabo de un rato a usted se le duerme el brazo que tenía debajo de la nuca para evitar que una tortícolis interrumpa el momento idílico del reposo absoluto; fuera brazo, usted necesita una buena almohada rellena de trozos de espuma tutti frutti muy rellena; eso le servirá pero llegar hasta ella puede ser insoportable, no importa, anímese, vaya, todo sea por la causa.
Ya de vuelta el sofá se mantiene leal, arrugado e incluso sensual; ahí vamos, instálese, a la tercera va la vencida; el tiempo va pasando cuando a usted le empieza a molestar la cadera izquierda…

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