8. Pou Rodó (se vende)

Casa deshabitada,
húmeda, oscura, vieja,
hundida, fría, tejas en el suelo,
fuertes vigas abiertas a la lluvia,
suelos roídos, luz natural,
plantas urbanas de interior,
escaleras estrechas, sucias,
largos pasillos largos,
en calle de casas ruinosas,
piedras amontonadas,
ventanas inservibles,
puertas, dolor y espacios
no resistentes al paso del tiempo,
un mundo de horas que ya nadie quiere
convertido en escombros,
casa deshabitada.

Trece

¿Aún estás aquí? pero, ¿no te ibas? me prometiste que te marcharías cuando llegara el frío, la temperatura está bajo cero, tenemos la punta de la nariz helada y tú sigues ahí, ¿qué crees que es el frío? ¿Siberia? eso, dime adiós gritando y dando un portazo con tus manazas, muy propio de ti, sí, pobrecito, a helarte en mitad de la noche, claro, ¿qué si es necesario que te vayas hoy? ¿qué si puedes hacerlo mañana? ¡eso es lo que vienes diciendo cada día! pero el tiempo nunca acompaña, hace demasiado calor, ahora llueve a cántaros, se te congelan los pies, vaya, estamos bien, de rodillas no, lo digo en serio, tú mismo, y entonces, ¡zas! se evaporó en el aire, así, de repente, su espacio borrado, sin despedirse; en el fondo siempre he sabido que era un fantasma maleducado.

3. Llanto

Llanto y llanto lágrimas suenan,
absorben las piedras el ruido
y el humo cotidianos;
dormirá el amor dormido,
sonarán huecas las campanas
dentro de la ciudad,
la misma lámpara colgada,
colgados el tiempo y las risas,
las voces y el invierno,
luz que se apaga, oscuridad,
eres tú, el atardecer,
la noche y el silencio.

Higiene

Para nosotros lo más importante es lavarnos las manos; nuestras uñas están negras de mierda por dentro y sufren un daño irresistible si tienen que soportarla durante mucho tiempo.
Estamos sentados, como lelos mirando hacia un punto indefinido; la lluvia sigue sonando, solo una mosca juega a romper el equilibrio de miradas dispuestas en desorden.
Lo que ella no logra, lo logran los vicios genuinos que tenemos.
Así que cuando la ruleta empieza a girar apostamos a un número (la bola juega para sí misma porque siempre gana) y uno de nosotros puede salir a la carretera a despelotarse delante de un coche para morir desnudo como nació.
La suerte a veces parece injusta, creemos que todos somos iguales, que todos somos diferentes; pero es imposible que el azar determine quien merece o quien desmerece: todos estamos llamados a morir y ser olvidados tarde o temprano.
Y lo dejamos así, si podemos lo hacemos, si no podemos, nos acostamos temprano que mañana será otro día.