Adán y Eva

Al principio la tierra estaba desolada. Eva se encontró de nuevo rodeando la inmensa esfera y cuando miró al lugar donde tenía los pies, éstos habían resbalado hasta la orilla. En la otra orilla estaba Adán, el deseo tibio de todas sus noches y como en otras anteriores, le deseó sin encontrar ninguna razón en su mente. Habían pasado varias semanas. Adán no podía tardar en atravesar el salto que los separaba, aunque se tratara de un paso de siglos, que a la vez que los distanciaba, los envejecía. Como Eva no sabía con certeza su edad, probó a contar con los dedos y cuando miró al lugar donde tenía sus manos, las vio acariciando la espalda de Adán. Entonces creyó que estarían juntos para el resto de sus vidas.

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