A vida o muerte

Eran las doce y media de la noche y la calle estaba vacía.
Los ansiosos deportistas del terremoto iban llegando para participar con su acostumbrada no-deportividad.
Los demás probablemente dormían entre cálidas sábanas y acolchados horizontes. Pero no contaban en una carrera cuya meta era la vida o la muerte.
El acomodador se deshacía sonriente contra los árboles, contra los cartones y contra él mismo para no resucitar el tiempo. Al paso de los segundos y los nervios, el espacio se acortaba: así se enfrentaban la lentitud y la velocidad.
El hombre escuchó los gritos y lo vio ensangrentado y lo sintió tormentoso y descubrió con obscenidad el significado de la salida y el resultado de la llegada; pero no pudo comprender cómo se las habían arreglado para declararse unos culpables, otros inocentes, y acabar el mismo fin desconocido.
Se destrozaron, él estaba ahí y no hizo nada porque, los demás dormían y ninguno sospecharía que había habido un árbitro.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s